Relatos BDSM
Una Cita
por Shiro Devin

Capítulo I. La preparación.

Habían hablado muchas veces y hecho sexo en Second Life, él practicaba BDSM, aunque pegar no le gustaba, dominar sí, y ella era su sumisa virtual, en la vida real él tenía alguna experiencia en el tema.

Sabían cómo eran por fotos mal hechas que habían compartido, pero había una confianza, dada por Second Life, difícil de explicar para alguien que no lo ha vivido.

Ella no era la chica que amaba, ¿que tenía que perder?, y le propuso:
—Escucha Gemma, y si te propongo encontrarnos para hacer realidad una fantasía?—Le dijo.
—Explica ... escucho—contestó ella.
—¿Que te parece una cita a ciegas en un Hotel, donde me obedecerás en todo lo que te pida? Esta fantasía sólo la podremos vivir una vez tú y yo, ya que ahora soy un desconocido en la realidad por ti, y que un desconocido te haga lo que él quiera, y seas su ... Esto requiere mucha confianza en mí de tu parte —él pensaba que ella nunca accedería.
—Me gusta la idea, acepto —dijo ella por su sorpresa.
—De acuerdo, me esperarás sólo con una bata, sujetadores, sin bragas y con los ojos tapados—dijo él empezando a ordenarla, no sabiendo si ella le estaba tomando el pelo.
—¿Con zapatos o no? —Ella respondía decidida, parecía seria.
— Vale, con tacones y medias negras, que te parece el próximo sábado en un hotel de Barcelona? —No era cosa de dejarle pensarlo mucho y Barcelona estaba a media distancia de los dos, ella era de Sitges y él de Sabadell.
—Perfecto, cojo yo el hotel —dijo ella muy rápido, no tenía problemas de dinero ella y parece que lo tenía claro, quizá las experiencias con él en Second Life le habían hecho tener ganas de dejarlo hacer.
—Pues escoge el hotel, elige la habitación y cuando lo tengas a punto me envías un mensaje, quedamos a las 5 en punto de la tarde del sábado.
—De acuerdo, dejaré dicho a la recepción que te den la clave ya las 4 del sábado te envío un mensaje con el nombre del hotel.

Capítulo II. La cita.

Aquel sábado, a un cuarto de cuatro, recibió el mensaje "H. PRINCESA SOFIA, hab. 710. Ya está, es el día ", uno de los mejores hoteles de la ciudad. Salió de su casa en ese momento, y llega a la zona en poco tiempo, había poco tráfico a esa hora. Era mediados de julio, Barcelona estaba medio vacía.

Fue al frankfurt de Pedralbes para hacer un poco de tiempo y comer algo, había desayunado tarde y aún no había comido. Después de comer un bocadillo de lomo muy hecho y beber una coca—cola light, fue hacia el hotel. Aparcó frente, en la zona azul, estaba permitido ese día.

Entró en el hotel, ya recepción, después de hacer cola, se identificó y le dijeron que el sistema informático estaba estropeado y no le podían hacer la llave, que es como una tarjeta de crédito. Llamó a la habitación.

Estoy en recepción, tendrás que abrirme, no funciona el sistema informático y no pueden darme la llave.
— De acuerdo sube —le dijo.

Subió y llamó a la puerta, ella la abrió, llevaba los ojos tapados.

— No veo nada —dijo, abriendo la puerta y corriendo a tientas a estirarse en la cama.

La cosa no empezaba exactamente como él había previsto, pero ella estaba como él le había pedido, sólo llevaba una bata entreabierta de satén, sujetadores y medias negras, y zapatos de tacones de aguja largos.

La chica era rubia, de piel bronceada, delgada y estaba tumbada en la cama, con las piernas cruzadas que dejaban entrever un coño depilado con mucho cuidado. Tenía unas tetas no muy grandes, pero tampoco pequeñas y unos pezones que se vislumbraban pequeños a través del sujetador negro, medio transparente, que llevaba.

La notó muy excitada, mientras se sentaba en la cama, a su lado. Sin decir nada y le acarició un poco la barriga, no había prisa, ella a cada movimiento movía el cuerpo, él disfrutaba la situación y no quería correr.

Jugó en él con los dedos y el cinturón de la bata. Disfrutaba acariciándola, las piernas, la barriga, ella se dejaba hacer todo. Cuando se acercaba al coño, sus manos notaron humedad.
—Abre las piernas. —Dijo él seco.
Ella las abrió un poco, obediente, era el juego pactado.
—Todavía más. —Insistió.
Ella lo hizo, esta vez generosamente, y él, sin tocarla, le repasa el coño con la mirada.
—¿Qué miras? —Dijo ella nerviosa al notarse observada— si todos son iguales!

Y empezó a decir cosas para romper el silencio, entonces él le tocó el clítoris con la mano, y ella calló. Intuía que eso la haría enmudecer. Mojó tres dedos con saliva acarició suavemente la zona, notando como lo más cercano al agujero se volvía más húmedo. Hizo esto un rato, sin prisas, mientras sentía que ella iba deseando más y más. Sólo tenía que observar los detalles que ella ofrecía, sin darse cuenta. La respiración creciente, el silencio, los movimientos del cuerpo.

Para que ella llegara al primer orgasmo decidió utilizar la boca, y mientras la tocaba, le hizo un beso en la zona depilada, sobre el coño y fue bajando la boca lentamente, quizás ella esperaba algo más rápido. A él le gustaba controlar y sorprender, y lo conseguía.
Cuando mordió y lamió el clítoris, metiendo la mano dentro del coño, ella explotó, fue un orgasmo intenso, largo, y acabado en risas, ella le explicó que siempre reía después de un orgasmo, y le confesó que había tenido algún amante que nunca la hizo reír. No estaba acostumbrada a nadie estuviera pendiente sólo de darle gusto, para él era fácil, la situación, el ambiente, ella obedeciendo. .

—Abre bien el coño con las manos ... pideme que lama el clítoris y di por favor...— ordenó
—... Lame mi clítoris ... por favor ... —Ella obedeció, apartando los labios del coño y mostrando el clítoris.

Él acercó la cabeza muy lentamente el clítoris, y le lamió los dedos y los labios suavemente, sin hacer caso a la demanda. Ella se estremeció, quería que acertara el lugar y él la hacía sufrir.

Cuando la lengua llegó al clítoris, el notó muy prominente, y ella no aguantó más. Fue fácil para él hacerle venir orgasmos y risas.

A ella le temblaban las piernas. Se había corrido, ¿cuántas veces? había perdido la cuenta. ¿Cómo podía ser? No la había follado, como máximo se lo había dejado tocar con la mano sus pantalones, notando su pene. Él no estaba interesado en eso, no era por eso la cita. Dejó que lo mirara, quitándose ella la venda de los ojos, llevaban unas 3 horas ya juntos.

Él se volvió de espaldas descubriendo su torso, y le ordenó que le friegas la espalda, mientras dejaba fluir la conversación por primera vez.

Hablaron sobre su aspecto y la experiencia que acababan de pasar. Estuvieron un rato relajados, ella había llevado bebida, para él coca—cola, y ella bebía un licor dulce. Pusieron la tele, eligiendo un canal musical.

Había algo que le quedaba por hacer. En Second Life ella le había dicho algo, era virgen por detrás, y cuando había tratado de dejar de serlo, le habían hecho daño. Tenía que hacerlo, desvirgar la ruta del culo.

Le dijo que se desnudase totalmente, y él, lo hizo también. Había llevado lubricante, lo usó por todas partes, y le hizo masaje, primero en el coño y le puso 2 dedos dentro, suavemente introdujo un tercero y luego cuatro. Sabía mover los dedos con cuidado, excitándola, sabía que tenía que estarlo mucho para entrar por el otro lado.

El objetivo, era otro agujero, y sacó el dedo meñique y lo cambia de lugar, mientras iba moviendo los dedos suavemente. Primero uno, después dos, después tres, hasta tener los cuatro dedos tocando el coño desde el culo a través de la escasa pared de piel que los separa. Y entonces chupar el clítoris y el orgasmo y la risa de nuevo. Pero no eran los dedos los que quería usar. Se puso perpendicular a ella, de lado, en una posición que le daba una visión privilegiada de todo lo que hacía, ella boca arriba con las piernas bien abiertas, el pene a la misma altura que su coño. Jugando en él, lo hizo rozar el clítoris, el coño y finalmente el culo, entreteniéndose alrededor por allí. Cogiendo su pene, suavemente lo introdujo por detrás, muy poco a poco, no le hizo ningún daño. Una vez dentro le dejó tocar el pene desde el coño.

A la sonrisa de tocar un pene donde nunca había habido uno, añadió la risa de otro orgasmo cuando él quiso, la situación le había llevado muy cerca ya. Estuvo jugando con este nuevo placer, que le había enseñado, bastante rato. Cuando se cansó, él se masturbó delante de ella, lentamente, mirándola, mientras ella también lo miraba sorprendida. Fue como devolverle todo lo que ella se lo había dejado ver. Él sólo se corrió una vez, y casi fue forzado, no lo necesitaba, había ido para cumplir una fantasía y ya lo había hecho.

Eran las dos de la madrugada, ya. Quería vivir la experiencia y disfrutarla 9 horas, 9 horas de dominarla, de saber cómo y cuándo vendría el siguiente orgasmo, de ser consciente de que ella perdería la cuenta.

Capítulo III. Después del hotel.

Él la dejó en el Hotel, no dormiría allí, volvió a su casa. Ella despertó con las piernas temblando. Sus vidas no pertenecen a este relato. Podemos saber que ella era una persona que mandaba usualmente. Seguramente ella estaba harta de mandar, buscaba no tener que pensar.

Él estaba en un momento de cambios, cambios profundos y buscaba experiencias nuevas, le gustaba dominarla, le excitaba, seguiría haciendolo, volverían a quedar, pero nunca más en una situación como aquella.

Los dos estaban enamorados, pero de otras personas. El amor de ella era demasiado pasado, el amor de él demasiado futuro, por lo que este era su momento, su cita. — FIN —

Autor: Shiro Devin

Publicado por Aldea Sado®: 28/02/2011 — © 2004-2011 — Todos los derechos reservados!

 

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