Relatos BDSM
Un día en mi vida 24/7
por Verita {S}

07:30h

Me levanto feliz, como cada mañana y con suavidad para no destaparlo ni despertarlo, me dirijo con sigilo hacia la cocina. Allí pongo la cafetera en el fuego. Mientras tanto, me ducho rápidamente con el tiempo ya estudiado, para cuando salga el café, ya esté lista para mí amado Dueño y Señor.

Vierto el café en sendas tazas, en la suya, tres terrones de azúcar, en la mía, nada más que ese placentero líquido negro, amargo y delicioso. Me coloco el vestido de sirvienta. Mi pelo aún húmedo, es recogido con esmero para ponerme la cofia y que no sobresalga ni un solo mechón.

08:00h

Poso la bandeja en la mesita de noche y levanto las persianas. Dejo las cortinas translucidas sin correr, para que la luz no le moleste y así, me pongo de rodillas junto a la cabecera de la cama, mientras observo su bellísimo rostro y pienso en la suerte que tengo de pertenecerle.

08:05h

Suena el despertador con una melodía suave y envolvente. Mi Señor abre los ojos y se despeja lentamente. Dirige su mirada hacía mí y me sonríe, dándome los buenos días, expresando con su mirada cuan feliz se siente de saberme completamente suya y el orgullo de ver que por fin he aprendido. Se sienta en la cama y poso la taza en sus manos, mientras sonrío deleitándome con este gesto. Mientras disfruta con el primer sorbo, yo sigo esperando de rodillas sin tocar mi taza: no puedo beberlo hasta que él me dé el permiso para hacerlo. Hay mañanas que me quedo sin tomarlo, por el mero hecho de que así lo desea, otras me premia, con que lo tome antes que ÉL, mientras no deja de observarme y acariciarme y otras, como esta mañana, después de su primer sorbo, me concede el permiso sin más.

08:15h

Se levanta por fin de la cama. Antes de colocarle la bata, para que no sienta frío debido a su desnudez, me asía de los pelos y dirige mi boca hacia su pene, introduciéndola de golpe y dejándome casi sin respiración. Mientras alguna lágrima cae debida a su pertinaz bombeo, al final recibo la leche que tengo prohibida en mi café. Succiono y limpio bien para que no quede ni una gota y relamo también mi boca.
Pido permiso para levantarme y así poder cubrir su cuerpo. Me es concedido.

09:00h

Estamos en el salón y ahora toca comprobar el estado de mis marcas. Anoche fui azotada pero sigue “sin gustarle mi culo tan blanco”.
Me ordena desnudarme del todo (incluida la cofia) y soltar mi pelo. Su orden incluye tumbarme en el lateral del sofá y no emitir sonido alguno. Esta mañana, dice mi Señor, desea tan solo las lágrimas envueltas en silencio.
Primero me da unas dolorosísimas nalgadas, tal vez veinticinco o treinta. Después, me ordena ir a buscar la correa y entregársela como debo: con la máxima devoción y deseo.

10:00h

He contado seiscientos correazos. Estoy llorando sin cesar, pero no ha salido ni un lamento de mí. Era lo que me había ordenado y he acatado sus deseos.
Aún así, siento que hoy mi Amo y Señor, tiene uno de esos días, en los cuales, su imaginación se desborda y yo soy el lienzo donde escribe sus deseos más sádicos.
Mientras espero su revisión de la casa (rogando que hoy no encuentre nada por lo que volver a castigarme) calmo el dolor de mis nalgas como puedo, dado que siguen hinchadas, con hematomas enormes y algún que otro diminuto, pero impactante, rastro de sangre.

10:15h

Lo que me temía ha sucedido. Ha encontrado tres vasos con restos de agua en el fregadero.
Mi Señor, cree que algo así es digno de ser castigado severamente y decide que tengo que lavar de nuevo todos los platos, vasos, cubertería, ollas, sartenes y demás enseres de la cocina.
Mientras realizo su nueva exigencia, él me acompaña en todo momento, con la fusta en la mano, alentándome con ella de vez en cuando, a realizar mi tarea con más ahínco y agrado.

12:05h

Estoy cansada y mi culo, está tremendamente contusionado, pero por fin, he acabado. Me giro para darle la grata noticia a mi Señor, pero éste ya no está.
Su voz llega desde la habitación reclamando mi presencia inmediata.
Toda la ropa de mi sección del armario está esparcida por la cama: ha encontrado una camiseta mal plegada y “eso no se puede permitir de ninguna manera”.
Voy a protestar… quiero protestar… debo protestar… pero ahogo la protesta. Sé que sucedería si osara tan solo a exponer una leve queja, después de tanto tiempo viviendo 24/7, una vida de Spanking y D/d (disciplina domestica) con mi amado Señor, así que, inteligentemente, callo.

13:30h

La ropa está plegada como él desea y en el orden que él ha decidido. Esta vez, no ha estado tras de mí con la fusta, sino tumbado en la misma cama leyendo el diario, mientras de vez en cuando observaba mi labor.
Mis nalgas, gracias al ejercicio, empiezan a dar señales de vida, así que el dolor es más llevadero y para completar esta dicha, mi Señor, me ha premiado por mi labor “tan bien hecha” invitándome a comer fuera de casa.

15:10h

El restaurante es de los que me gustan. La comida es excelente. La compañía, no tiene precio. El único problema, es que no puedo estar sentada sin sentir unos latigazos de vez en cuando en mi culo, que me hacen dar unos saltitos ridículos y el encaje de mis braguitas, no ayuda nada, ya que se me clava como un cuchillo.
Mi Señor, para “tranquilizar” mis sobresaltos y, siempre según Él, para paliar mi dolor, me ordena dirigirme al servicio y allí, quitarme las braguitas. Hecho esto, se me ha ordenado que cuando vuelva a la mesa, se las entregue en mano. Las coge con esa sonrisa suya tan pícara y las introduce en el bolsillo de su americana.

16:30h

Mientras tomamos el café, (para mi sin leche, claro, porque como ya he explicado anteriormente, la única leche que puedo tomar es la suya) saca mis braguitas de su bolsillo y las huele intensamente. El olor me ha delatado. Sabe que estoy excitada desde que esta mañana me obligó a tragar su miembro erecto y deleitarme con el sabor de su espeso néctar.

17:30h

Estamos en casa.
(En el viaje de regreso y a petición de Él, he conducido yo para que mi Señor, pudiera tocarme con total libertad y jugar a su antojo con mi cuerpo, llevándome al límite sin dejarme acabar en ninguna ocasión).
Ahora, por fin en la habitación, me atrae hasta Él con furor. Estira de mi ropa para tener acceso a mi cuerpo, que besa y recorre con su lengua. Me hace estremecer de pasión y de dolor con sus mordiscos, mientras acaricia mis pechos, lame mis pezones y los mordisquea persistentemente haciendo que llegue a límites del dolor, donde no quiero seguir pero de donde ya no puedo ni quiero salir. Arde en mi interior una hoguera, un volcán que se derrama entre mis piernas inundándome de flujo y me siento libre de poder expresar toda la pasión que tengo en mi interior. Es un torbellino de Sexo y Amor. Y mientras sigue mordiendo mis pezones, esta vez sin ningún cuidado y con violencia, posee mi vagina con sus enormes manos y dedos. Yo me deshago… es incontrolable. Me tira sobre la cama, abre mis piernas y sin previo aviso, hunde su rostro entre mis piernas poseyendo con su lengua mi sexo y en pocos segundos algo detona dentro de mí, derramando ingentes cantidades de mi miel en su boca… y es que verlo entre mis piernas y sentir su pasión hace que de nuevo me corra sin poder evitarlo, pero esta vez mientras me estoy corriendo Él se levanta y de un envite me posee y lo que hasta ahora era pasión desbocada y mil sensaciones, en un solo instante, se convierte en el más puro e incesante de los placeres… como un orgasmo continuo y sin tregua.
Al fin, tras Amarnos sin descanso, culminando juntos mientras nos abrazamos y besamos y los temblores de tan intenso orgasmo final nos poseen a la vez, caemos desfallecidos los dos, descansando a la sombra de nuestros abrazos.

20:00h

Me levanto de la cama y una vez en la cocina, me dispongo a preparar un té, mientras no dejo de pensar en el día de hoy y en todas las increíbles, bellas y también duras y fuertes sensaciones, que me hace vivir mi amado Spanker.

20.10h

Llevo el té hasta la habitación y le pregunto cuantas cucharillas de azúcar desea que le ponga antes de servírselo y de repente su mirada cambia y con voz contenida, me dice “¿dime, desde cuándo bebo té?”.
Con mis pensamientos sobre lo vivido en este día, he olvidado que Él tan solo bebe café… (¿Lo he olvidado de veras?).
“Elige”, me dice, “como te has portado bien durante todo el día, en base a tu grandísimo error, voy a dejar que elijas el castigo que mereces: Mil azotes o mil nalgadas, o quinientas nalgadas y quinientos azotes”.
Elijo esta última opción.
Nos dirigimos hacia el salón, coge una silla y se sienta en ella. Yo me acerco y me baja las braguitas y tomándome de una muñeca me tumba sobre sus rodillas, levanta mi falda y como siempre hace antes de empezar, acaricia mi trasero con dulzura.
Empieza dándome unas contundentes nalgadas, primero en tandas de 25 en 25 hasta llegar a 250, alternándolas con caricias que me alivian enormemente. A continuación eleva el ritmo y la potencia para darme las 250 restantes sin descanso. En el transcurso de éstas, trato de no arquearme y poner mi mano, pero me es imposible y Él la atrapa con la suya sobre mis riñones y mis pies con sus piernas, dejándome indefensa ante su fuerza y ante su castigo.
Finalizada esta tanda, me ordena levantarme y que me dirija a la habitación, allí prepara sobre la cama, unas almohadas para que mi culito quede sobre elevado…
Sus instrumentos: dos fustas, una fina y larga que tiene un extremo de cuerda anudado, la otra corta y con una “graciosa” manita de piel en su extremo, (ambas de equitación).
Según Él, son de doma y guía para las yegüitas rebeldes como yo.
Me coloco en posición para recibir y mis miedos me asaltan de nuevo… temo las fustas tanto como a mi Señor.
Empiezo a recibir en series de 10, cada serie hace un cambio de fusta, llevo apenas 3 series y ya me retuerzo de dolor, no dejo de moverme y mi Señor se enfada. “Esta vez” me dice “te va a costar cara tu rebeldía”.
Cierro los ojos ante esta última frase y oigo como abre el armario (ese que tanto temo). Ha cogido unas cuerdas con las que me ata las muñecas y los pies a la cama. Y yo no dejo de temblar…
Ahora ya puede continuar castigándome sin que yo pueda interferir en el proceso.
Ahora da con más fuerza y empiezo a sentirme mareada…la lluvia de azotes tan intensa que estoy recibiendo, me hace perder la cuenta y la noción del tiempo. De repente en mitad de un dolor casi agónico todo cesa. El silencio me envuelve, aunque es solo una ilusión, porque mis sollozos, mi propia respiración y los latidos de mi corazón lo invaden todo. Cuando Él me desata con infinita ternura, empiezo a recuperarme y a duras penas logro abrazarme a mi Señor, para buscar ese consuelo que tanto me reconforta en esos momentos.
Él, como siempre, me abraza con ternura, orgullo y pasión y con un millón de besos que guarda con amor en sus labios y que son solo para mí.

22:40h

Ha sido un día duro, muy duro, pero también intenso y lleno de infinitas sensaciones. Ahora, mientras abrazados, tumbados en el sofá, hablamos de varios temas e intento no pensar en este dolor que tanto detesto, pero que, a la vez, tanto amo (y sin el cual ya no podría vivir) mi Señor, entre otras cosas, me habla del concurso de relatos de BDSM de “Aldea sado” y me propone la idea de escribir o más bien de “describir” uno de mis días en forma de relato.
No lo tengo muy claro, pero acepto y me dispongo a escribirlo… bajo su atenta mirada.

02:00h

No logro concentrarme.
Así que este relato me cuesta fustazos incesantes porque Mi Señor, me insta a “concentrarme de una vez, ordenar mis recuerdos, superar mi pudor y a pensar y escribir más rápido, porque se está haciendo tarde y aunque mañana sea sábado, hay mucho aún por hacer y mucho más aún por vivir”.
- FIN -

Autor: Verita {S}

(Bajo supervisión y aprobación para el envío y/o publicación, de Severo) -

Publicado por Aldea Sado: 20/05/2010 - © ® 2004-2010 - Todos los derechos reservados

 

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