Tenía yo 23 años y por razones de estudio mi hermana y yo vivíamos en la capital. Ambos estudiábamos carreras diferentes. Mi hermana danza y coreografía y yo artes plásticas. Mi padre era músico y mi madre pintora, los dos de renombre en los Círculos intelectuales y culturales. Mi hermana Lucía de 18 años era de cuerpo generoso y labios carnosos. Yo la cuidaba mucho era mi única hermana y estábamos solos en aquella aventura de la capital, el estudio, los nuevos amigos. En fin, todo un mundo nuevo...
Al poco tiempo de estar en la capital Lucía ennovió. Pero a mí no me agradaba el chico pues era un tanto ordinario y descuidado en su aspecto. Los dos sabíamos que no nos agradábamos. Pedro (así se llamaba) tendría 17 años y visitaba asiduamente a Lucía.
Yo había pasado una mala noche debido a una disputa con mi novia. Me quedé sin novia y sin sexo. Estaba reponiendo energías después del almuerzo con una siesta y soñé que estaba recibiendo una mamada de mi novia.
Desperté con mucha sed y con el miembro hinchado a reventar. Me dirigí a la heladera y al pasar por el living encuentro a mí hermana en cuatro y su novio bajándose los pantalones. Inmediatamente me dirigí a ellos que sorprendidos no atinaron ni a moverse congelados por mi aparición y mi actitud. Lo saqué a Pedro del apartamento a empujones diciéndole que no se aparezca más a ver a mi hermana pues había violado la confianza de la casa con su mente retorcida.
Cerré la puerta de calle y me dirigí a reprender a Lucia que estaba llorando semi desnuda. Yo estaba con envidia por lo que me pasó con mi novia, algo de celos y mucha rabia. Lo primero que hice fue darle una cachetada que le dejó los dedos marcados en su blanco rostro. Lucia siguió llorando balbuceando que la perdone y yo seguía cachetada tras cachetada. Extrañamente no escondía el rostro y estirando la mano regordeta me agarró por encima del pijamas el miembro que por extraña razón seguía hinchado y duro como nunca lo había estado. Sentí rabia y placer al mismo tiempo y seguí con las bofetadas por no saber que hacer y que estaba pasando. En esos instantes de confusión aminoré el castigo y ella aceleró sus caricias por encima del pijamas y cuando quise reaccionar de mi confusión, Lucia había introducido su mano rapidamente y liberado mi gruesa verga del pijama y prisionera de su mano en un segundo me la estaba chupando con gran maestría y con golosa actitud.
Perdí la noción del tiempo del lugar y de quienes éramos. Intenté pensar que era mi novia la que estaba agachada pero no podía, sabía que era mi hermana y me daba gusto lo que pasaba. Me di cuenta que siempre la había deseado inconscientemente.
No quería acabar nunca y se la saqué de la carnosa boca, la di vuelta en el gran sillón del living y la puse en cuatro. Al ver los labios de su vulva tan hinchaditos y rosados quedé como estúpido unos segundos sin saber si lamer sus labios y su clítoris que asomaba, penetrar su hermoso y redondito trasero o introducir mi grueso miembro en su hermosa vagina pero noté que el anillo de su trasero se contraía y distendía como llamando a la penetración. La cabeza de mi miembro destacaba por ser más gruesa que el tronco y pensé que no iba a aguantar la introducción.
De cualquier manera le daría el gusto. Jugaría un poco con ella en la puerta estrecha de su rosado culo y después entraría en la vagina.
Jugando, jugando el arito de su ojete se fue dilatando pidiendo por boca de ella que intente penetrarla y rogándome con una vos que le desconocía a mi hermana, que arremeta suavemente que no importaba que doliera y que lo soportaría con gusto.
Comencé a avanzar creyendo que era inútil pero vi que el arito se agrandaba dándome paso poco a poco con gran esfuerzo y paciencia recibiendo en su guarida a tan grueso miembro. La cabeza de mi miembro ayudaba poniéndose mas dura pero perjudicaba poniéndose mas hinchada.
Por fin con un quejido de ella y un suspiro agitado mío entró y lo demás no tuvo problema. Solo que le dolió cuando le llegó al fondo. Pero insistió que arremeta igual que no importaba el dolor pues la satisfacción era mayor al sentir como le desgarraba las entrañas. Lucía tuvo dos orgasmos seguidos y yo perdí la noción de todo y toqué las estrellas. Tanto fue así.
Después seguimos sin hablar de eso como nos tratábamos siempre. Lucia me miraba con un dejo de sonrisa que me indicaba que por más que disimule, el hecho estaba presente en nuestras mentes confusas. Confusas para mí pues Lucia tenía más claro que yo todo, demostraba que era una hembra que sabía lo que quería.
Unos días después desesperado por este silencio a gritos, entre en su dormitorio y la desperté a cachetazos en tanto ella sonreía y decía “sabía que vendrías”.
Pasó un tiempo así, con la costumbre de hacer la misma escena. Yo entraba de sorpresa y la ataba y golpeaba con una varilla de mimbre.
Llegó el tiempo de las pruebas y nos preparábamos con mis compañeros de estudio en casa algunos días y también Lucia con sus amigas se reunían para estudiar. Eso me creía yo. Estudiaban toda la noche en base a café y dejaban el estudio al amanecer. Yo en cambio estudiaba de día y dormía de noche.
Era un verano insoportable del calor que hacía y no podía dormir...Me levanté malhumorado y con el miembro alterado. Cuando por sorpresa veo a Lucía semi desnuda besándose y tocándose con una de las amigas y la tercera las toqueteaba y les lamia sus abultados senos. Era tal el cuadro y la calentura que decidí entrar en acción.
Me saqué el pijamas e irrumpí con la verga tiesa. Cuando Lucía me vio, sonrió y dijo – les presento a mi hermano. El es súper genial- Cuando llegué a ellas Lucía y Carla ya se posicionaron en un 69 rabioso mientras Rosario me la empezó a mamar como una posesa En tanto yo miraba en el 69 el aro del hermoso culo de Carla que se me ofrecía a la vista como esperando mi entrada.
Creí que era sugestión mia y en eso Carla da vuelta su cara y dice con cierta dulzura “dale” Le apoyé la cabeza de la pija y sin preámbulos se la enterré de una arremetida. Fue un grito de goce y no de dolor y debajo de mis cojones sentí la suave y esperiente lengua de mi querida hermana. que hacía por recargar más mis grandes testículos.
Acabamos los cuatro como un castillo de naipes El primer orgasmo lo tuvo Carla y mi hermana al sentir su orgasmo acabó al instante. Cuando sentí que Carla se acababa y mi hermana también sentí el culo hermoso de Carla apretando con los espasmos y acabé como un caballo. Radié la cabeza y se acababa Rosario que se estaba masturbando alocadamente. Descansamos un poco para reponer esfuerzos y me fui derecho al culito de Rosario que mostró ser la líder en experiencia pues a pesar de ser mi miembro grueso (18 X6) lo recibió sin un quejido.
A partir de ese día decidimos estudiar juntos siempre y yo comencé a dormir en el cuarto de Lucia. Mi querida hermana.
Un día se nos ocurrió hacer participar al desgraciado Pedro pues en un juego surgió que mi prenda era cogerme al ex novio de Lucía.
Se encargó Lucia de traerlo engañado y estaba preparada una escena lésbica entre Rosario y Carla para sorprenderle y calentarlo. Cuando estaba que no daba más, aparecí yo saliendo desnudo y excitado de mi cuarto.
Mis cómplices aprovecharon la parálisis de Pedro para echarle unas esposas y maniatarle los pies a cada pata del sillón del living. Sus ojos denotaban terror y estaban fijos en mi verga. Fue rápido y fácil bajarle la ropa asomando un culo blanquito y tembloroso. Desde la calle se sintió un grito de dolor y después, un silencio de jadeo.
Los transeúntes caminaban por la calle distraídos. - FIN - Autor: Juan Angel
Publicado por Aldea Sado®: 07/03/2011 - © 2004-2011 - Todos los derechos reservados!
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