Relatos BDSM
Eso no se le pregunta a un VAN-KRAUSS
por Rel Tomas

Introducción

Esta historia es una especie de “oneshot” fuera de la trama principal entre dos personajes secundarios de una historia larga que desde hace un tiempo estoy tratando de escribir. Se desarrolla en un mundo de magos o hechiceros. La protagonista acaba de llegar a una escuela femenina de la “Estirpe Roja” que es como una nación de magos, famosa por su brutalidad y su amor por la guerra. Porsupuesto, esta es una escuela militar.

Por otro lado, la familia Van-Krauss es una familia especialmente belicosa de la Estirpe Roja, que por sus crímenes fue expulsada de aquella nación. Destacan por ser fogosos e imprudentes, se dice que el pelo de los miembros de esta familia es rojo por toda la sangre que han vertido a lo largo de la historia.

Temo que muchos de los lectores no estén del todo habituados con este tipo de historias, en ese caso me gustaría señalar algunas de mis influencias. El animé en general, el bueno, el de antes. El fandom de Harry Potter, sobretodo los fanfics de Harry y Snape (comumente conocidos como Snarry). La fantasía y las novelas históricas en general, Marion Zimmer Bradley, Tolkien, Úrsula K. Le Guin, Alejandro Dumas, etc. Y los relatos de spanking que he leído a lo largo de mi juventud en la red.

La niña se quedó de pie enfrentando la puerta de madera. Desde adentro podía escuchar el sonido de la risas y las voces de las jovencitas. Parecía un grupo animadísimo. Trató de respirar profundo para calmarse, su puño se tensó alrededor del tirante de su mochila y finalmente golpeó tres veces.

Unos ojos negros animados aparecieron frente a ella.

—Hola —saludó simplemente la chica. Vestía el uniforme de las oficiales de la Estirpe Roja, pantalones cortos ajustados, un protector de cuero en el torso, guantes sin dedos con bastantes remaches y, porsupuesto, un cinturón con una daga—. Tu debes ser la chica nueva ¿Verdad? Pasa.

La jovencita se hizo a un lado para dejarla entrar a la sala común. Algo de silencio se hizo mientras las otras chicas con las mismas ropas ajustadas envolviendo sus cuerpos atléticos, dejaban por un momento de lado sus actividades para observar la débil fisonomía de la recién llegada.

Iulia se quedó parada sin saber qué hacer.

La chica que había abierto la puerta fue la que habló primero:

—Tu habitación está en el pasillo de la izquierda— indicó apuntando a las escaleras que tenían al frente—, tiene tu nombre escrito así que no te perderas —explicó con una sonrisa.

—Bien, gracias —respondió Iulia volviendo a agarrar el tirante de su mochila y dirigiéndose rápidamente a las escaleras con la cabeza gacha, para tratar disminuir las miradas de curiosidad de todas. La expectativa de estar tranquila en su habitación hacía apurar sus pasos más de lo normal.

Había puesto el pie derecho en el primer escalón, aliviada de por fin haber atravesado la sala, cuando lo escuchó.

—¡Oye! —una voz profunda, brusca y vulgar salió de un lugar tras ella. Iulia se paró un momento pero luego siguió caminando, pues seguramente no le hablaban a ella— Te estoy hablando a tí, nueva —aclaró la chica.

Iulia se dió entonces la vuelta, al no encontrar más remedio, y buscó entre las caras desconocidas de la habitación, preguntándose quién se dirigía a ella.

Antes no la había visto, pues estaba rodeada de otras chicas, pero ahora las muchachas abrieron paso como si acabara de presentarse una reina en la sala. Una larga melena roja ensortijada coronaba la figura de una joven que se sentaba atrevidamente en un amplio sillón cerca de un rincón. Tenía un brazo puesto en el respaldo, y el otro sobre la rodilla de una pierna que había subido al asiento. Ahora todas tenían su atención puesta en ella, sin decir palabra.

La joven de pelo rojo volvió a hablar:

—¿Quién demonios te crees que eres? Llegando a un lugar nuevo sin siquiera presentarte a la capitán de tu grupo. ¿No te han enseñado modales?

Iulia se quedó un momento mirándola con frialdad, sin poder creer que alguien así se atreviera a hablarle de modales.

—Lo siento —se excusó con tono neutral—. Mi nombre es Iulia Drumt, de la Estirpe Roja— dicho esto dió media vuelta y volvió a subir un par de escaleras, pero sabía que no llegaría muy lejos, pues escuchó como la capitán se ponía de pie y se acercaba a ella.

—¡Oye, no he terminado de hablar contigo! —exclamó agarrándole la muñeca , para que se quedara quieta.

Iulia trató de soltarse, pero su inferioridad física era evidente.

La capitán también notó esto y levanto el brazo de la otra, con honesta sorpresa.

—Pero mira nada mas, eres verdaderamente debilucha. Brazos delgados, nada de musculatura. —y como decía esto la obligaba a a darse vuelta y a enfrentarla.

El ruído de la mochila golpeando uno de los escalones fue lo único que se escuchó rompiendo el silencio.

—¿Por qué han puesto a una niña como esta con nosotras? —preguntó ofendida, escrutando el rostro de la otra mientras le cogía la otra mano y la empujaba contra la pared, sin necesitar usar casi nada de su fuerza— ¿Acaso no puedes defenderte? Si es así no vas a durar ni cinco minutos en esta escuela.

—Úrsula, basta ya —pidió una de las chicas que se sentaba cerca de ella hacía un momento—. Déjala en paz, acaba de llegar.

—Primero que se presente como se debe, y que nos demuestre qué tiene para creer que puede venir a meterse aquí. ¿No sabes lo peligrosas que somos?

Iulia no respondió, se quedó contra la pared, intentando imponer algo de resistencia, sabiendo que no valía la pena. El miedo y la rabia se pintaban en sus ojos, pero también la resignación. Claro que sabía que en aquella fortaleza de las montañas se entrenaba a los soldados femeninos más salvajes de aquella nación. Casos desesperados como criminales o muchachas especialmente rebeldes eran envíadas ahí como personas libres para convertirse en soldados de élite de la Estirpe Roja, no era sorpresa que todas esas chicas ya fueran oficiales con sólo quince años.

Interiormente sonrío con una especie de mísera superioridad. “¿Qué sabes tú porque he venido a parar a este sitio? Vamos, haz lo que quieras.”

—¡Respóndeme, maldición, es una orden!

Iulia se quedó mirándola fríamente con sus grandes ojos azul oscuro, evaluándola.

—¿Qué me pasará si no obedezco? De todas formas vas a hacer lo que quieras ¿No?

Úrsula tuvo que reprimir un golpe ante este desafío, en lugar de eso la obligó a bajar las escaleras y la lanzó al suelo. Las chicas formaron un círculo alrededor de ella, por aquí y por allá se escuchaban voces pidiéndole a Úrsula que parara, pero eran tan suaves que era obvio que no cambiarían en nada la situación.

—¡Levántante! —ordenó la capitán levantando los puños— vas a pelear contra mí.

Al parecer, por la reacción de las demás, aquello parecía ser la gran cosa. Pero como Iulia acababa de llegar, podía fingir desentendimiento.

Se sentó tranquilamente en el suelo, las manos sobre los muslos y cerró los ojos.

No iba a pelear.

Úrsula se acercó a ella, con incredulidad.

—¡¿No me oíste?!

“¿La habrán nombrado capitán por ser tan prepotente?”

Algo duro, seguramente una bota golpeó su pecho, haciéndola caer de espaldas. Se quedó ahí.

—En ese caso te daré exactamente lo que pasaría si te comportaras de esta forma tan altanera ante alguien más fuerte que tú.

Con los ojos cerrados, Iulia pudo sentir como la capitán se arrodillaba frente a ella, tapándole la luz.

—¡Basta ya, te estás pasando, Van-Krauss!

—¡Vamos, niña, defiéndete! —pudo escuchar a otra de las chica exclamar— ¿Acaso vas a dejar que haga lo que quiera?

Sus muñecas fueron aprisionadas con fuerza sobre su cabeza, contra el frío suelo de piedra, bastaba de sobra con una mano de la pelirroja. Con impotencia sintió como una rodilla se abria paso entre sus piernas, separándolas. Sintió como desabotonaba de a poco su camisa y recorría con sus manos el cuerpo con la otra.

—¡Vamos, di algo!

Iulia permaneció tan impasible como podía. Su cuerpo se tensaba por el miedo, pero fuera de eso no imponía resistencia alguna.

La rodilla de la otra presionó contra su entrepierna enérgicamente, Iulia tuvo que apretar la mandíbula con mucha fuerza para reprimir las lágrimas. La mano de la otra se introdujo por su camisa, sin que nada se interpusiera entre ésta y sus escasos pechos.

—¿Qué pasa? ¿No te gusta?

No pasó mucho antes de que la capitán se aburriera de aquel juego y lentamente bajara su mano por el vientre de la chica, a punto de introducirla en sus pantalones...

—En ese caso viniste al lugar equivocado ¿Entiendes? —preguntó. Pero no hubo respuesta.

Por encima de la ropa, con su mano libre, repasó el sexo de la chica, violentamente. Subió su mano hasta donde se abría su pantalón y comenzó a desabotonarlo, pero...

El sonido de la puerta abriéndose hizo que su atacante se parara en seco. Iulia pudo sentir el viento soplando en su cabeza, que daba en esa dirección. Sus manos fueron liberadas de inmediato y la capitán se quedó quieta, Iulia finalmente abrió los ojos para ver, desde abajo, sus rostro ligeramente tenso. Fuera quién fuera la persona que acabara de entrar, era seguro más importante que ella.

—¿Qué está sucediendo aquí? —escuchó una voz femenina adulta preguntar.

—Es... es una operación disciplinaria —afirmó Úusula levantando los ojos.

—De pie, las dos —ordenó imperiosamente la voz.

Iulia suspiró con alivio conforme la capitán liberaba su cuerpo. Se abrochó el pantalón, la camisa, se secó las lágrimas y de a poco hizo lo mismo que la otra.

La mujer, seguramente una maestra, tenía el pelo corto, igual que Iulia, pero de color castaño y no negro. Vestía ropas militares que cubrían la mayor parte de su piel y una capa sobre ellas. Se veía bastante dura, pero algo en su expresión hizo que Iulia se sintiera calmada por primera vez desde que pisó el suelo de aquella escuela.

—Tu debes ser Drumt ¿No? ¿Quién va a explicarme que demonios está pasando aquí?

— o —

Ahora Iulia se encontraba parada al lado de la capitán en el medio de la habitación. La maestra, ahora enterada de todo, se acercó lentamente a ella y la miró fijamente.

—¿No se te explicaron las reglas de la escuela antes de entrar?

—Si, señora.

—En esta escuela existe un extricto sistema de rangos. Si no fuera por lo que acaba de pasar, ten por seguro que te daría un buen castigo físico.

—Puedo recibirlo —respondió simplemente la niña para sorpresa de todas.

La maestra sonrío y levantó la mano. Iulia cerró los ojos instintivamente. Una mano se posó enérgicamente sobre su cabeza pero no recibió ningún golpe. En cambió sintió como una energía cálida y tranquilizadora se extendía desde su cabeza por todo su cuerpo. Era la primera vez que lo sentía, la famosa energía curativa de la Estirpe Roja. Iulia se quedó quieta, dejando que fluyera por sus venas.

—No hoy —respondió la mujer. Estuvieron un momento así. Pasado un minuto la maestra retiró la mano y Iulia supo que debía abrir los ojos—. Anda a sentarte —indicó señalando un espacio vacío entre las butacas. Iulia obedeció con algo de incomodidad por estar tan cerca de esas otras chicas.

Todas estaban, porsupuesto, mirando a la maestra, que ahora enfrentaba a Úrsula.

—Van-Krauss, Van-Krauss... —dijo simplemente, negando con la cabeza, paseándose alrededor de ella.

—Se lo merecía —sentenció la joven capitán.

—¿Así que argumentas que estabas haciendo algo justo?

—Sólo iba a asustarla un po...

Un golpe sordo. Úrsula paró de inmediato de hablar, y se inclinó para sujetarse el estómago, donde la maestra acababa de golpearla.

Iulia se sobresaltó, pero las demás chicas parecían de lo mas acostumbradas, y algunas incluso conversavan tranquilamente en voz baja, aunque sin quitar los ojos de Úrsula.

—No me digas. Dices que es peligroso para esta niña estar en esta escuela, pero la verdad es que personas como tú son las que de hecho representan un peligro. Párate derecha.

Úrsula obedeció. Ya todo gesto de burla o de diversión se había borrado de su rostro. Una expresión seria y firme se pintaba en sus facciones cuando volvió a incorporarse y miró a su maestra.

—Defiéndete si quieres —ofreció la maestra, ahora era ella quién sonreía—. Así será más divertido.

Úrsula negó con la cabeza.

—No. Sigue— respondió irguiéndose en toda su estatura, con los brazos en los costados, lista para recibir otro golpe.

Fué la primera vez que a Iulia le pareció que verdaderamente parecía una capitán. Le dió un golpe en la cara, haciéndola caer al suelo.

Los golpes continuaron por un rato. Cuando Úrsula ya había recibido varios en la cara y otros por el estilo, la maestra finalmente se detuvo.

Úrsula estaba en el suelo, de rodillas, respirando agitadamente, había algo de sangre en sus labios. El espectacular pelo rojo ahora le cubría la cara y se sujetaba denuevo el estómago.

Había soportado el castigo con ejemplar sumisión, poniéndose de pie cada vez que caía al suelo, sin esquivar ninguno de los golpes, sin quejarse, con una especie de varonil y estoica resignación que de pronto la hacía verse muy atractiva.

—¿Ya no te puedes parar? —preguntó la maestra— En ese caso no te molestes, quédate ahí —dijo extendiendo la mano derecha al aire.

Al parecer eso significaba algo, pues una de las chicas se puso de pie y se dirigió a un rincón de la habitación, a espaldas de Iulia.

—El látigo —puntualizó la maestra. Úrsula suspiró con pesar. Entonces Iulia no pudo evitar darse vuelta por curiosidad.

En efecto, ahí en la pared, sin que se hubiera fijado antes, había una docena de elementos disciplinarios colgados en todo su esplendor, un par de fustas, unas cuantas varas, y otros cuyos nombres no conocía. No se encontraban dentro de un discreto armario, en la oficina del director, como solía pasar en otras estirpes. No, estaban ahí, a la vista de todos, como el mayor adorno de la habitación, como un constante recordatorio.

Cuando Iulia volvió a mirar hacia adelante, la capitán se estaba quitando la parte de arriba de su uniforme, sin necesidad de que la maestra hubiera dado la orden. Al parecer en este sitio las mujeres no tenían ningún miramiento en mostrar sus partes privadas que, a diferencia de los de ella, eran bastantes satisfactorios en cuanto a tamaño.

Una de sus compañeras se acercó y le ayudó a amarrarse el pelo. La mano de la maestra fue ocupada de pronto por un látigo de cuero negro, largo, terrible. Lo desenrrolló e hizo un sonido espantoso con él.

No.

Iulia se puso de pie instintivamente. Se sentía culpable de que le estuvieran haciendo eso. Ya la había golpeado bastante. ¿De verdad le iba a dar el látigo también?

La maestra se fijó en ella, y también Úrsula, aunque no dijo nada.

—Siéntate —ordenó la mujer—. No hay nada que puedas hacer para detenerlo. Como te dije, en esta escuela existe un severo sistema de rangos. Como los capitanes tienen mas derechos que los demás, igualmente deben ser castigados con más dureza cuando se aprovechan de sus privilegios. Sólo se puede obedecer.

Suavemente, una de las chicas la hizo sentarse denuevo. La maestra asintió con aprobación. Se alejó lo suficiente, el látigo se elevó en el aire y el castigo comenzó.

El primer golpe llegó de lleno en la espalda de la chica, su expresión se contrajo y reprimió un gemido. Iulia tuvo que apartar la mirada al no ser capaz de soportar la imagen de aquella franja roja atravesando la espalda de la otra.

Las chicas ahora ya no hablaban, pero ninguna parecia tan alterada como Iulia. Con algo de solemnidad y posiblemente con un poco de placer, obvservaban la escena.

El látigo volvió a cortar el aire, culminando en un chasquido. Iulia tensó los brazos y apretó la mandíbula como si la estuvieran golpeando a ella.

La maestra siguió azotando a Úrsula. La expresión de su rostro era implacable. Úrsula seguía quieta, sin decir nada, sin pedir misericordia ni disculparse. Sin embargo su rostro se iba llenando de dolor y agonía conforme pasaba el tiempo, se contraía y enrojecía cada vez mas.

Cuando finalmente se detuvo, las heridas en su piel estaban en carne abierta y sangraban. La chica se apoyaba penosamente el el suelo con ambas manos y lloraba desesperadamente, sin poder disimularlo.

Iulia se había tensado completamente, el sonido del látigo se había quedado grabado en su cabeza y ahora hacía eco. Lo había escuchado tanto rato que por un momento pensó que no terminaría nunca.

—Espero que esto te enseñe a andar con más cuidado —se desprendió de su látigo y se alejó un poco.

La chica de pelo negro y largo se iba a acercar a Úrsula, pero un terminante “No” de la maestra la hizo detenerse.

—Que nadie se le acerque —agregó. La chica se quedó quieta mirándola con curiosidad y un poco ofendida—. Tú, Drumt —Iulia se sobresaltó al oír su nombre y levantó el rostro para mirar a la maestra—. Llévala a su habitación y cúrala, sin usar magia, porsupuesto. Luego ve a tu habitación, quitas el letrero que tiene tu nombre y lo pones en la puerta de la habitación de esta chica...

—¿Perdón? —Iulia se quedó mirando a la maestra con la misma curiosidad que la otra chica.

—¡Lo que escuchaste! De ahora en adelante compartirán habitación. Van-Krauss, será tu responsabilidad cuidar de esta niña hasta que esté al nivel de las demás, ya que crees que no se puede defender sola,. Y tú, no vuelvas a desobedecer una orden directa de tu capitán, y cuídala bien hasta que se recupere. Espero que les sirva de lección.

Dicho esto dió media vuelta y abandonó la habitación, no sin antes decirle “Limpia esto y ponlo en su lugar” a la chica que se había quedado con el látigo, seguramente con restos de sangre.

La puerta se cerró y el relajo volvió a la sala. Algunas de las chicas se sentaron y volvieron a conversar calmadamente, como si nada hubiera pasado. Otras se quedaron mirando preocupadas a Úrsula. La chica de pelo negro se acercó a ella de todas formas y le preguntó si se encontraba bien. Úrsula no dijo nada. Iulia también se levantó y se acercó a la capitán con un poco de desconfianza. Miró a la chica de pelo negro como vacilando, pensando que quizas no la dejaría tocar a Úrsula, pero ella simplemente se levantó del suelo y le indicó:

—La habitación de Úrsula es la primera a la derecha —se alejó un poco y se quedó mirándola de frente.

—No te preocupes, no pienso hacerle nada —respondió Iulia con un poco de irritación.

Dicho esto, tratando de mostrar resolución en sus actos, se acercó a ella. Su expresión, ahora podía verla de cerca, era mucho más hermosa. Seguía llorando, ahora más tranquila.

—No creo que te puedas levantar, así que te llevaré en brazos —sugirió Iulia tomándole una de las manos y figúrandose cómo tomar aquel cuerpo herido, semidesnudo y transpirado sin hacerle daño. Su piel estaba tibia y húmeda, de una forma que que le resultó irritantemente agradable.

—Puedo ir yo sola —escuchó que la chica murmuraba entre lágrimas—. Además, no creo que una niña debilucha como tú pueda cargarme— intentó levantarse, pero se cayó de inmediato. Iulia la sujetó.

—Cierra la boca, son órdenes. Además, para eso somos hechiceras— aprovechó el que la chica se hubiera levantado y que estaban de frente para sujetarla desde las nalgas y apoyarla en su hombro, sintió el contacto con los pechos de la chica y con la piel de su torso, Úrsula rió y luego se puso inquieta.

—Si me dejas caer te mataré —un par de lágrimas cayeron en su espalda.

—No te preocupes, eso no pasará —y realizó un hechizo básico para aumentar su fuerza y así no tambalearse con el peso de la chica que era mas alta que ella.

Una vez segura de su fuerza, caminó lentamente hacia las escaleras, rodeando la ropa de Úrsula que había quedado tirada y mirando su mochila al pasar, lamentando tener que abandonarla momentaneamente en aquel lugar.

Le costó un poco subir las escaleras con el cuerpo de la otra al hombro, pero también fue gratificante tenerla tan sumisa en sus brazos después de lo que había pasado. No le parecía tan mala persona y en el fondo estaba agradecida con la maestra por permitirle haber tomado esa posición.

No le costó encontrar la habitación de la chica, pues era la única que tenía letras doradas en la puerta.

“Capitán Van-Krauss”

De una patada y ayudada de un hechizo abrió la puerta. Lo primero que hizo fué localizar la cama y moverse hasta ella con dificultad. Se inclinó, dejando caer el torso de la otra sobre el colchón y sus rodillas sobre el suelo. La chica seguía lloriqueando y respirando con dificultad. Iulia aprovechó el momento para tratar de hacer descansar su hombro adolorido, frotándolo un poco. A continuación le quitó las botas de los pies, las mismas que hacía una rato le habían dado un doloroso golpe en el pecho. Ahora con más facilidad subió el resto del cuerpo de la chica a la cama, dejándola descansar boca abajo.

—Vengo enseguida —se limitó a decir.

— o —

—Disculpa —le preguntó a la primera chica que encontró en la sala común— ¿Dónde está la farmacia?

La chica se demoró un rato en explicarle la ruta a seguir. Era una fortaleza enorme, después de todo estaban a algunas horas del pueblo y era más cómodo tener todos los servicios cerca.

Cuando volvió a la habitación de Úrsula ya había oscurecido. Iulia llevaba en sus manos lavadas una bandeja con hierbas, un pote de agua, un mortero, y otras cosas necesarias para curar las heridas a la manera de las personas sin magia.

Murmuró otro hechizo para hacer fuego en las velas que colgaban alrededor y se acercó a Úrsula. Durante el rato que había estado ausente se sentía muy preocupada de dejarla sola. Le sorprendía cómo podía preocuparse tanto de ella cuando la había tratado tan mal, pero la verdad era que desde que había comenzado a llorar su rencor se había borrado.

—¿Estás bien? —preguntó tocándole la cabeza.

La chica no dijo nada, quizas no quería hablar, o quizás estaba muy débil, aunque seguía consciente.

Sin decir mas, comenzó su trabajo de moler hierbas. Ahora podía observar la habitación mas tranquilamente. Era una habitación bastante buena aunque pequeña. Los adornos y muebles se veían caros y Iulia dudaba que las habitaciones de las otras chicas tuvieran camas tan grandes.

Una vez hubo terminado procedió a limpiar los cortes con una venda húmeda y aplicó la mezcla a su espalda. Úrsula se sobresaltó al momento que Iulia untaba la medicina en sus heridas. Pensó que eso era buena señal, no estaba tan mal si podía sentirlo. De alguna forma se sentía bien al pasar sus dedos untados en medicina por sobre sus heridas, al poder hacer que gimiera y se sobresaltara de dolor.

Cuando hubo terminado, cogió una larga venda y con mucha paciencia la enrolló alrededor del torso herido de la otra. Esto era un trabajo muy dificil, porque tenía que encargarse de levantar el peso muerto del cuerpo de la otra en cada vuelta. Finalmente llegó a la altura de sus pechos y no pudo evitar tocarlos también y cubrirlos de vendas. No era el mejor vendaje que podía hacerse, pero eso serviría hasta la próxima mañana, al menos.

A continuación, sin ningún miramiento, procedió a quitarle la ajustada ropa del uniforme, dejándola en ropa interior.

—¿Qué estás haciendo? —inquirió molesta la voz de la capitán, volvía a ser vulgar y grave, cosa que molestó a Iulia.

—¿Dónde guardas tu ropa para dormir? —preguntó sin hacerle caso.

Úrsula, con el rostro undido en la almohada, indicó vagamente en dirección a un mueble y volvió a dejar caer su brazo de un golpe a la cama.

Estuvo un buen rato rebuscando entre los cajones hasta que encontró unos pantalones blancos que parecían cumplir la función. No le costó mucho vestirla, si bien su cuerpo ofrecía resistencia al pesar tanto, ella no lo hacía pues no tenía nada de energía. No sabía si lo mejor era dejarle la espalda desnuda o ponerle algo de ropa, prefirió dejarla así. Finalmente le cubrió la parte de abajo del cuerpo con una manta que había a los pies de la cama, se dejó caer, exhausta, en un sillón y observó su obra.

¿Compartir habitación? ¿Era broma? Úrsula ahora estaba tranquila, pero seguramente cuando se recuperara querría vengarse ¿De verdad esa chica iba cuidarla? Iulia pensaba que realmente necesitaba alguien que la cuidara de ella, después de todo lo que había pasado.

Afuera se hacía de noche y Iulia se empezaba a inquietar. Sabía que su llegada a aquella escuela sería poco grata, pero jamás se imaginó algo como esto.

—¿Te duele mucho? —preguntó Iulia intentando al menos entablar alguna conversación.

Pensaba que Úrsula no iba a molestarse en responder, así que sorprendió cuando la chica murmuró con lentitud y dificultad:

—La maestra fue bastante blanda esta vez... De haberlo hecho enserio me habría dejado inconsciente.

Esta idea hizo estremecer a Iulia.

—Deberías comer algo —sugirió la chica—. Ya debe ser hora de cenar y necesitas recuperar energías.

Úrsula no dijo nada, sólo gimió miserablemente ahogada por su almohada.

Iulia se puso de pie.

—Intentaré conseguir algo de comer, trata de incorporarte un poco para cuando regrese.

Iulia volvió a bajar las escaleras y para su agrado no había una veintena de chicas mirándole.

Al parecer era verdad que era hora de cenar. Alguien había doblado la ropa de Van—Krauss y estaba puesta sobre una silla.

Su mochila estaba colgada en un perchero de la entrada. Las cogió y volvió a subir antes de salir a perderse en los pasillos de la desconocida fortaleza. Por suerte no tuvo que ir muy lejos, una de las chicas de su grupo se dirigía hacia la sala común con una bandeja.

—La maestra Blitt dijo que mejor cenaras con Van-Krauss esta noche —indicó pasándole la bandeja.

—Gracias —dijo honestamente Iulia, verdaderamente aquella noticia había sido oportuna. No tenía ningún deseo de bajar al comedor con cientos de otras chicas, después de aquella vergonzosa escena.

—Ah, si. También dijo que aquello de compartir habitación era verdad —agregó con gesto de disculpa en la cara.

Iulia asintió resignada y volvió a la habitación.

No fue dificil darle de comer. Quizas porque en ese sentido era demasiado altanera como para dejar que alguien mas hiciera las cosas por ella y se esforzó en levantarse y alimentarse por si misma. Aunque pronunció pocas palabras.

Fue de hecho después de comer cuando finalmente pudieron tener una conversación interesante.

Úrsula volvía a acostarse en su cama y Iulia preparaba la suya sobre el sillón con unas mantas sobrantes que había encontrado en el armario de Van—Krauss.

“Sólo será una noche, de seguro”

Entonces finalmente se atrevió a preguntar lo que había estado rondando su cabeza desde hacía un rato.

—¿Por qué escondes tu sello de estirpe?

—¿Qué dices? —escuchó denuevo aquel tono vulgar.

—Tus brazos están desnudos. ¿Hay algo que no quieres que los demás vean?

Úrsula volvió a reir, como lo había hecho unas horas antes.

—No sabes nada. ¿De dónde saliste?

Iulia se avergonzó por saber tan poco de la Estirpe Roja, e iba a soltar alguna excusa, pero antes de que pudiera decir nada, Úrsula le explicó:

—Eso es porque no tengo ningún sello. Desde hace quinientos años ningún Van-Krauss puede hacer ningún tipo de magia. Somos inductores, una especie de imitación de la magia de soporte, es muy débil.

—¿Es verdad? —preguntó Iulia con curiosidad. Seguramente era mentira, pensó.

—¿Por qué me molestaría en mentirte a ti? ¿Es verdad que no sabías?

—Entonces ¿Cómo puedes estar en esta escuela?¿Cómo puedes ser capitán?

—Eso es porque me obligaron a venir. Una vez aquí no tuve otra opción —explicó fieramente la muchacha, como si eso explicara todo.

Iulia la miró con admiración sin atreverse a creerle. Seguramente había algo que estaba omitiendo.

Se quedó en silencio mirándole. Sin duda que la chica tenía algo de admirable, aún sin aquella historia. Algo solemne y regio, algo de energía masculina que hacía que los demas giraran la cara al pasar. Tenía carácter de líder. Iulia esperaba que lo tuviera, porque de lo contrario significaba que las personas que la habían nombrado, sus superiores, eran unos completos idiotas.

Luego de un momento recordó que ya era tarde y apagó las luces.

Ya se había acostado en su improvisada cama e intentaba conciliar el sueño cuando Úsula volvió a hablar.

—Mi padre me hizo venir aquí cuando tenía siete años —su voz resonó con cierto tono espectral a través de la obscuridad—. Sólo sabía un poco de inducción y todas las demás chicas eran hechiceras experimentadas. Era un infierno. Creí que iba a morir. Tenía miedo todo el tiempo y lloraba constantemente. Dejé que me pasaran a llevar muchas veces con tal de que me hicieran el menor daño posible, pero eso sólo me hacía mas miserable.

Hasta que un día una chica mayor me dijo estas palabras:

“Si te molestan, defiéndete, no hará ninguna diferencia, quizas incluso te golpeen mas, pero ten seguro de que si lo haces te ganarás mi respeto”

No lo entendí muy bien. Pero en sus modales amables encontré la fuerza necesaria y lo hice. Así fue como esas hechiceras terribles que me molestaban se convirtieron en mis amigas, y con el tiempo, se pusieron bajo mis órdenes.

Iulia suspiró. Parecía esa clase de confesiones que sólo se hacen con la luz apagada.

—Si es verdad ¿Por qué te comportaste así esta tarde?

—Porque odio a la gente como tú —soltó bruscamente—. En potencia yo soy mucho más débil que tú y aún así no eres capaz de atreverte a levantar el puño por miedo. No soporto la idea de tener alguien así bajo mi mando.

“Si, claro, seguro que no te divierte la idea de aprovecharte de una chica recién llegada”.

Las chicas llevaban bastante rato guardando silencio y Iulia pensó que Úrsula finalmente se había dormido. Cuando aquella voz grave volvió a surgir de la oscuridad.

—Eres Iulia ¿Verdad?

—Si.

—Gracias por cuidarme. No debiste haberlo hecho. Igual, si me hubieras dejado tirada ahí no creo que le hubiera molestado mucho a la maestra.

—¿Cómo puedes decir eso? —saltó derrepente Iulia indignada— Te dieron una paliza, habrías quedado inconsciente.

—Pero me lo merecía ¿No? Además ¿No crees que fue divertido?

—Divertido... ¡¿Estás loca?!

—Eso no se le pregunta a un Van-Krauss.

Y después de un rato agregó.

—Tu no eres de la Estirpe Roja ¿Verdad?

Iulia se quedó callada ante este decubrimiento. No le iba a dar en el gusto de responderle. Justo lo que necesitaba ahora era que esta chica se enterara de que provenía verdaderamente de la Estirpe Azul.

—Hace mucho que no recibía una golpiza como esa —continuó—. Me sorprendió que no te atrevieras a mirar, todas estaban disfrutando con el espectá...

—¡Cállate ya! ¿Cómo puedes hablar tanto? ¡Usa tu energía en recuperarte!.

Úrsula no siguió hablando por un rato, pero no pudo evitar decir después de un rato.

— ...Iulia... —de pronto su voz era dulce y amable conforme pronunciaba estas palabras, totalmente diferente a su tono salvaje que parecía mas bien un gruñido.

—¿Qué pasa?

—Si aún me tienes rabia por lo que pasó esta tarde, mañana buscaremos una manera de arreglarlo —no era una disculpa, era casi una orden.

Iulia no dijo nada de inmediato.

—Sólo basta con que no lo vuelvas a hacer, eso me dejaría tranquila —reflexionó la chica despues de un rato.

—Seguiré en deuda contigo, entonces —respondió simplemente la chica, el tono de su voz indicaba que la chica sonreía mientras decía esto.

Iulia iba a responderle algo ofensivo, pero entonces se percató de que no lo decía en un mal sentido. Su tono era agradable ahora que se daba cuenta, tan agradable que le había hecho cosquillear el estómago.

No, Úrsula sin duda le parecía respetable, pero de ninguna manera iba a enamorarse de esa idiota.

Sin embargo el tono de esas palabras se quedó dando vuelta por un buen rato en su cabeza, sin poder quitárselo. Con esta sensación suave y tranquila en su pecho, Iulia finalmente se durmió. - FIN -

Autor: Rel Tomas

Publicado por Aldea Sado®: 16/03/2011 - © 2004-2011 - Todos los derechos reservados!

 

Foro Aldea SadoSi usted desea hacer un comentario sobre esta nota acceda desde este link al Foro Aldea del Sado.

Sino comente mediante su cuenta de Facebook:

Este sitio web adhiere a:




8/8 Día mundial del Spanking

Este sitio web promueve el concepto de "BDSM Rights":

Este sitio web también en:

Blogger FetLife
 
Punto Blanco
Graphic & Web Design
Licencia Creative Commons
Este obra está bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 2.5 Argentina.
ALDEA SADO ® © 2004-2012 - Todos los derechos reservados - info@aldeasado.com.ar
Net-nany
Descargar
Aldea Sado Org. Buenos Aires, Argentina, es una organización sin ánimo de lucro que promueve la no discriminación sexual para todos los adultos, especialmente para gente que goza del BDSM consensuado SSC. Este sitio difunde y contiene información pertinente para ADULTOS de las comunidades BDSM-SM-Leather-Fetish. No a la pedofilia