Mi marido siempre ha sido cornudo. Complacida me he limitado a educarlo como tal. Desde muy jovencitos, cuando éramos novios, apuntaba maneras. Al poco tiempo de estar juntos, apenas teníamos veinte años, sugería excitado que me liase con alguien que me gustase. La discoteca era un buen lugar y la cosa pasaba por dejarme morrear y sobar las tetas hasta la saciedad mientras bailaba con el macho elegido.
Mi novio mientras, miraba como me lo montaba. Después, ya con él a solas, nos masturbábamos y follábamos recordando lo que había ocurrido.
La cosa avanzó mucho más y lo que en un principio fueron morreos y tocamientos ahora pasaba por sacarle la polla al cachondo de turno en un reservado y masajearla hasta dejársela como una piedra a punto de reventar. Después llegaron las mamadas. Todo aquello ya se convirtió en habitual. Yo me encontraba feliz porque podía gozar con quien me diera la gana con el consentimiento total de mi cornudo.
Cuando tuvo que cumplir el servicio militar nos vimos poco pero él no desaprovechó el tiempo. Y no lo hizo con mujeres precisamente. Según me contó, y aquello me excitó mucho, coincidió con un compañero que no hacía ascos a los hombres.
Una tarde le confesó que había cuatro soldados del cuartel que lo solían acompañar los fines de semana a unas piscinas de ambiente; pero lo más sorprendente es que los llevaba en tanga. Un tanto incrédulo aceptó una invitación para acudir y comprobarlo.
Según me contó excitado, los cuatro soldados salieron con un bañador minúsculo que les dejaba todo el culo al aire mientras su compañero, el Amo que resultó ser bisexual, se besaba con una chica.
En un aparte le confesó a mi novio que se trataba de la pareja de uno de ellos. Para confirmar que era cierto levantó el brazo e hizo un gesto al esclavo que apareció de inmediato con el culo al aire y marcando un gran paquete. Cuando llegó, el Amo que se estaba morreando con su novia se volvió hacia él y le ordenó que trajese unos refrescos.
El esclavo no dijo nada y obedeció. Ese fin de semana su novia se encamó con el Amo mientras los cuatro esclavos eran prostituidos en un cine. Hicieron pajas y mamadas a quienes se acercaban a ellos y lo solicitaban.
Al final de la semana entregaban al Amo lo recaudado. Recuerdo todavía que mi novio se excitaba mucho al relatármelo y yo mucho más, que todo hay que decirlo. El Amo, que se enteró, le sugirió que podía llamarme y quedar juntos un fin de semana que tuviésemos libre.
El fin de semana llegó por fin. Lo primero que hicimos, ya los tres juntos, fue acudir a un comercio de lencería y bañadores. Allí sin más aviso pidió al dependiente, que ya lo conocía bien, un tanguita para mi novio.
Cuando lo tuvo puesto pasamos a mirar como le quedaba. El Amo, sobándole el paquete, le propinó un cachete en el culo mientras me sugería que le quedaba ideal.
Como me notó excitada pidió otro para mí. Me introdujo en el probador haciéndome desnudar entera y comprobando así como se marcaba mi culo y exhibía mis firmes tetas desnudas.
Pidió a mi marido que se cambiase y saliese del vestuario. Me folló allí mismo con dureza. Durante ese fin de semana tanto mi marido como yo gozamos con la exhibición de nuestros cuerpos; pero sobre todo por el placer obtenido al convertirnos en la puta y cornudo del Amo.
Terminado el servicio militar aquello pasó pero mantuvimos la amistad. Años después nos casamos y mi marido cada vez era más cornudo. Invitamos al Amo a la boda. Fue él quien pasó con nosotros, mejor dicho conmigo, la primera noche.
Tanto me gustó que lo llevamos con nosotros de luna de miel. Durante casi dos semanas fue quien me folló ante la mirada de mi recién casado esposo. Por supuesto que a la playa nos llevaba a los dos en tanga de cuerda, mientras él vestía un bañador tipo pantalón.
Los tangas eran minúsculos y blancos, sin forro, con lo que cualquier humedad producida por la excitación se dejaba notar; hecho este que aun nos excitaba y humillaba más. Máxime cuando mi marido, totalmente empalmado y con el tanga mojado, tenía que levantarse para acercarnos refrescos del bar.
Ya en la habitación, hirviendo de calor, el corneador me follaba sin piedad por el coño, la boca y el culo. Mi marido como buen cornudo lamía la polla del Amo y limpiaba los restos que dejaban sus corridas en mis agujeros. De tanto darme por detrás, y como era muy dotado, al tercer día ya tenía hemorroides.
El hecho de llevar tanga de cuerda las apretaba y me molestaba excitando mucho más al Amo. Para calmarme utilizaba al cornudo que lamía los bultitos que salían del ojete y quedaban atrapados o separados por la cuerda del tanga. La cuerda se solía manchar con la exudación de la almorrana pero la excitación que nos producía a todos era inmensa.
Después de aquello seguimos viéndonos mucho. Tanto es así que en uno de esos encuentros mi Amo y corneador me preñó. A los cuatro meses mi barriga había crecido mucho. Como de nuevo era verano nos fuimos los tres de vacaciones a la costa.
A pesar de mi embarazo el Amo me hizo salir de nuevo y con tanga de cuerda. La visión debía de ser superexcitante: mujer preñada con buena barriga exhibida en tanga de cuerda por su Amo.
El embarazo no detenía sus calenturas y me seguía follando a placer; empleando más todavía mi ojete. Las abundantes y duras penetraciones por el culo y mi embarazo, me producían mayor cantidad de hemorroides martirizadas por la cuerda del tanga y aliviadas por la lengua del cornudo.
El Amo se excitaba mucho viéndome preñada y vistiendo ese tanga como única prenda; y más cuando al agacharme brotaban de mi ojete hemorroides como dedos. “La marca del Amo” me decía.
Hay que decir que ya lo tenía extremadamente dilatado, como un bebedero de patos.
Mi marido el cornudo ya tragaba la leche directamente de la polla y le lamía profundamente el culo, como yo también hacía.
Nos humillaba así pero la fuente directa de excitación la producía el hecho de que yo estuviese preñada. A mí me ocurría lo mismo, me sentía más esclava zorra y puta.
Me gustaba que me follase estando preñada, me gustaba sentirme llena por todos los agujeros. Una de las tardes, percatándose de mi extremado vicio, el Amo me colocó una correa de perro en el cuello y me ató las manos a la espalda.
Los tobillos los dejo sujetos en una barra de tal manera que a la fuerza mantenía las piernas separadas. Para terminar me colocó una mordaza de bola y así se entretuvo en azotarme el culo, no sin antes colocarme unas sandalias de altísimo tacón. Me colocó medias con el pie totalmente descubierto para que con el peso y la situación se resbalasen los pies y mi equilibrio fuese inestable.
Así me azotaba el culo, la barriga y los muslos mientras de vez en cuando se detenía para masturbarme el coño. El cornudo no perdía ningún detalle y se entretenía en aliviarme con su lengua las cada vez mayores almorranas.
Los orgasmos eran brutales y mi humillación crecía en la misma medida que mi barriga aumentaba. Ya con siete meses el Amo seguía exhibiéndome en la playa con el tanga como si fuese una cerda. Para mi vergüenza y excitación todos se quedaban mirando. Una preñada con aquella barriga y vestida con semejante tanga, resultaba digno de ver.
En aquella temporada me prostituyó dos veces. Una de ellas con una pareja de alta sociedad que se había excitado al verme así precisamente en la playa.
Querían alquilarme para una fiesta donde atendería totalmente desnuda, salvo el tanga de cuerda, en sandalias muy altas y con una correa de perra al cuello. Lo cierto es que pagaron mucho por mí pero la fiesta resultó un éxito. Fui la atracción de la noche. Servía copas a los invitados que iban explorando mi coño y ojete pero como plato fuerte, mi Amo me colocó en el centro del salón bien atada con las manos atrás y los pies sujetos a una barra. Insertó en mi ojete un gancho para colgar carne y sujetándolo de un extremo con una cuerda lo fijó a otro gancho en el techo. Lo puso en tensión para que tuviese que permanecer bien hincada de puntas en las sandalias. El hecho de mi preñez excitaba a todos los asistentes que me observaban así atada y expuesta.
Mi Amo comenzó entonces a azotarme muslos, piernas, pechos y barriga, hasta dejar marca. El Amo iba preguntando si me gustaba y yo gritando respondía que me gustaba mucho y que azotase más fuerte.
Para mayor humillación me despojó de las sandalias con lo que irremediablemente, tuve que permanecer aguantando sobre las puntas de los pies ya que seguía enganchada por el culo.
Entonces, el matrimonio que me había alquilado para la fiesta, propuso a mi Amo subastarme allí mismo. La gente comenzó muy excitada a pujar por mí mientras el Amo seguía azotándome y haciéndome bailar sobre las puntas de los pies.
La subasta la ganó un hombre maduro que se acercó hasta donde yo me encontraba para comprobar su mercancía. En ese momento, el Amo aplicó un vibrador a mi coño. Así, bien atada, de puntillas y sujeta con un gancho en el culo, no puede evitar correrme lanzando fuertes gritos de placer que inundaron la sala. Fueron tan fuertes los gritos de mi orgasmo que todos los presentes irrumpieron en un fuerte y sonoro aplauso.
Luego el Amo me entregó al hombre que me había alquilado. Me llevó con él a una de las habitaciones de la casa y me folló durante toda la noche; sobre todo la boca y el culo. Al acabar la sesión regresamos a casa donde el cornudo nos esperaba con el desayuno preparado.
El Amo le ordenó arrodillarse para besarle las botas y polla hasta ponérsela bien tiesa. Acto seguido me la clavó por el culo allí mismo hasta correrse. El cornudo tuvo que limpiar la polla del Amo lamiendo y calmar las almorranas de mi ojete limpiando la leche que había quedado.
La segunda vez que fui prostituida rondaría los ocho meses largos de embarazo. Mi barriga era ya inmensa y casi tapaba el tanguita de cuerda con el que me vestía. Me contrató una mujer para una fiesta que daba en su mansión. Los invitados querían presenciar y vivir emociones fuertes.
Me recibió ella en persona, una mujer madura, cercana a los cincuenta años y muy atractiva. Lo primero que hizo fue desnudarme dejándome sólo con el tanga y las sandalias. Me ordenó arrodillarme ante ella y con las manos bien atrás lamerle las sandalias que llevaba puestas; también me hizo chuparle los dedos de los pies. Me tuvo así un buen rato para posteriormente colocarme su depilado coño en la cara que yo lamía con fuerza para proporcionarle placer, como luego tuve que hacer con su ojete.
Cuando ya se corrió tuve que bañarla y limpiarla entera. Después me ordenó tumbarme en el suelo boca arriba, enfrente del sillón donde ella se sentaba. Tomó una revista y se dispuso a leer dejando sus pies apoyados en mi barriga como si fuese un cojín. Al cabo de un rato que no sabría precisar, entró en el salón una mujer mas joven que la besó y se mostró muy excitada al verme así. Luego supe que eran pareja y su trabajo se relacionaba con las fiestas liberales que organizaban para sus clientes.
La chica joven llegaba de la calle calzando botas hasta medio muslo con unos tacones de aguja altísimos. Se descalzó quedando sólo con las medias y se sentó en otra silla dejando sus plantas en mi cara para que las lamiese. Olían fuerte, a cansancio y sudor, pero no era desagradable y enseguida comencé a mojar. Ya después se acomodó junto a su amiga y empezaron a besarse y meterse mano. Las dos apoyaban sus pies en mi barriga que hacía las veces de cojín para el alivio de los pies de ambas.
La más joven se había excitado mucho por lo que me ordenó levantarme. Al permanecer de pie mi gran barriga las excitó más. Me masturbaron y descubrieron que ya estaba totalmente empapada. Aprovecharon mi calentura para meterme en la bañera boca arriba, donde recibí la meada de las dos que estaban en cuclillas sobre mí besándose y excitándose los pezones. La joven me orinó en la cara y la otra en la barriga.
Me dejaron descansar hasta la noche en que bien atada me pasaron a la ducha. Enfundadas en guantes de látex me limpiaron bien los agujeros del coño y del culo. También me jabonaron todo el cuerpo. Me secaron y me cambiaron de tanga ya que el anterior estaba totalmente empapado. La más joven y cruel de las dos me cambió las sandalias que llevaba por unas totalmente abiertas y de tacón finísimo.
No contenta con eso se dispuso a colocarme unas medias para que mi dificultad al caminar fuese mayor. Mientras, la otra mujer salió a recibir a los invitados. Al cabo de un rato, tras peinarme con dos coletas laterales y maquillarme bien, la joven me colocó la correa de perro y sujetando de la cadena comenzó a caminar delante de mí. Cuando aparecí en el salón atada detrás de ella y con mi gran barriga al aire todos los asistentes comenzaron aplaudir. Me dio una vuelta y me retiró de nuevo para colocarme una bandeja que se sujetaba a mi cuello con una cadena. De ella salían otras dos cadenas que se fijaban con pinzas a mis pezones provocándome un discreto dolor.
En la boca me introdujo una de sus medias sudadas que antes me hizo oler con intensidad hasta llenarme de su aroma, y aplicó una mordaza de la que salía una prolongación, como una varilla, con un espacio más ancho al final para poder apoyar un vaso o un cenicero. Colocó en la bandeja copas de vino y cava y así de nuevo, tirando de la cadena, me sacó al salón. Me paseaba entre los invitados que cogían y dejaban las copas bien en la bandeja de las tetas o en la más pequeña que mantenía en la boca.
Para acabar la fiesta, la joven que se ocupaba de mí me colocó en el centro de la sala y me retiró la mordaza, las cadenas y la bandeja, y les mostró a los asistentes lo mojado que tenia el tanga por lo excitada que estaba. Todos comenzaron a aplaudir de nuevo. Ahora ya la joven comenzó a masturbarme suavemente con sus dedos y a besarme en la boca. Muy caliente tomo dos ventosas y las aplicó en mis pezones para sacarme la leche. Al poco rato comenzaron a brotar gotitas blancas ante la expectación de los asistentes que me veían atada y preñada; Viva imagen de la depravación y vicio total.
Como colofón, la joven me ató los tobillos a una barra para que mantuviese las piernas abiertas. Para mi sorpresa, de entre los asistentes apareció la mujer mayor con un perro lobo bastante grande que colocó justo delante de mí, de tal modo que mi coño le quedaba a la altura del hocico. El perro estaba educado y comenzó a lamerme el coño con furia. Dos varazos en el culo por parte de la joven me hicieron callar y entregarme al placer que el perro me estaba proporcionando. Estar atada con manos atrás provocaba indefensión total. Sostenerme sobre los afilados tacones de las sandalias era casi imposible por las contracciones que me producía el placer. La presión de las ventosas en los pezones hacia que aún saliesen mas gotas de leche con lo que la excitación para todos era mayor. Intente aguantar los lametazos del perro sin correrme pero al final no pude resistirme. Para mi vergüenza las ventosas estaban llenas de leche y orgasmé con los lametazos del perro, gritando como nunca lo había hecho, allí delante de todos. Los asistentes aplaudían a rabiar.
Para terminar la fiesta la joven me colocó de rodillas y todos los que lo desearon pasaron para colocarme la polla en la boca. Siempre atada y con las ventosas llenas de leche tuve que mamar las pollas hasta que ya se encontraban apunto de correrse. Todos, con gran satisfacción, fueron derramando la lefa en mi cara hasta que ya no quedó nadie. Así, de esa guisa, llena del producto de su vicio me retiré con la mujer mayor que me liberó de las ataduras, me lavó y me dejó descansar hasta que mi Amo llegó a medio día a recogerme. Ya en casa el cornudo lo tenía todo preparado y tras comer algo me acosté a descansar junto a mi Amo. El cornudo mientras se ocupaba de la casa y de la comida.
Como el Amo no tenia compromiso se quedó a vivir con nosotros no sin antes ordenarnos acudir a un centro de tatuajes para grabarnos su inicial en un tobillo y en el pubis. Así lo hicimos.
Yo finalmente tuve una niña; al parto me acompaño el Amo mientras el cornudo esperaba en casa. Durante tres años estuve haciendo la vida clásica de pareja con mi Amo, padre de mi niña, ante la complacencia del cornudo. Ahora ya, el recuerdo de todo aquello me produce una gran satisfacción y suelo masturbarme al recordarlo, como ahora mismo que lo escribo para hacerlo vivir de nuevo sin poder imaginar las depravaciones que el futuro y mi Amo nos tenga reservadas. - FIN -
Autor: Carlos A.
Publicado por Aldea Sado®: 23/03/2011 - © 2004-2011 - Todos los derechos reservados!
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