Artículos BDSM
Reflexionando sobre el sexo: notas para una teoría radical de la sexualidad, 1984 - (1ª parte)
Autora: Gayle Rubin

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I. Las guerras del sexo

"Al pedírsele consejo, el doctor J. Guerin afirmó que, después de haber fracasado con todos los demás tratamientos, había conseguido curar a las adolescentes afectadas por el vicio del onanismo, quemándoles el clítoris con un hierro caliente... Aplico el punto caliente tres veces en cada uno de los labios mayores y otra en el clítoris... Tras la primera operación, de cuarenta a cincuenta veces en un día, el número de espasmos voluptuosos se reducía a tres o cuatro... Creemos, pues, que en casos similares a los que ustedes estudian, no debe dudarse en recurrir al hierro caliente, y en una etapa temprana, para combatir el onanismo clitoridiano y vaginal en las adolescentes". Demetrius Zambaco [1]

Ha llegado el momento de pensar sobre el sexo. A algunos la sexualidad quizá sólo les parezca un tópico sin importancia, un escape frívolo de los problemas más críticos de la pobreza, la guerra, la enfermedad, el racismo, el hambre o la aniquilación nuclear. Pero es precisamente en épocas como ésta, en la que tenemos que convivir con la posibilidad de una destrucción inimaginable, cuando es más probable que la gente se vuelva peligrosamente desquiciada en lo referente a la sexualidad. Los actuales conflictos sobre los valores sexuales y la conducta erótica tienen mucho en común con las disputas religiosas de siglos pasados. Adquieren un inmenso valor simbólico. Las disputas sobre la conducta sexual se convierten a menudo en instrumentos para desplazar las ansiedades sociales y descargar la intensidad emocional concomitante a ellas. En consecuencia, la sexualidad debe tratarse con especial interés en épocas de fuerte tensión social.

 El reino de la sexualidad posee también su propia política interna, sus propias desigualdades y sus formas de opresión específica. Al igual que ocurre con otros aspectos de la conducta humana, las formas institucionales concretas de la sexualidad en cualquier momento y lugar dados son productos de la actividad humana. Están, por tanto, imbuidas de los conflictos de interés y la maniobra política, tanto los deliberados como los inconscientes. En este sentido, el sexo es siempre político, pero hay períodos históricos en los que la sexualidad es más intensamente contestada y más abiertamente politizada. En tales períodos, el dominio de la vida erótica es, de hecho, renegociado.

 En Inglaterra y los Estados Unidos, las postrimerías del siglo XIX fueron una época de este tipo. Durante aquellos años, fuertes movimientos sociales centraron su atención en los «vicios» de toda clase. Hubo campañas educativas y políticas para alentar la castidad, eliminar la prostitución y reprimir la masturbación, en especial entre los jóvenes. Los "cruzados" de la moralidad atacaron la literatura obscena, los desnudos en la pintura, las salas de música, el aborto, la información sobre control de natalidad y los bailes públicos[2]. La consolidación de la moralidad victoriana y de su aparato de coerción social, médica y legal fue el resultado de un largo período de lucha cuyos efectos han sido amargamente contestados desde entonces.

 Las consecuencias de este gran paroxismo moral del siglo XIX perviven todavía. Han dejado una profunda huella en las actitudes sobre el sexo, en la práctica médica, en la educación infantil, en las preocupaciones de los padres, en la conducta de la policía y en las leyes sobre el sexo.

 La idea de que la masturbación es una práctica perniciosa para la salud es parte de esta herencia. Durante el siglo XIX era creencia común que un interés "prematuro" por el sexo, la excitación sexual y, sobre todo, el orgasmo dañarían la salud y maduración de un niño. Los teóricos diferían en sus opiniones sobre las consecuencias reales de la precocidad sexual. Algunos pensaban que llevaba a la locura, mientras que otros simplemente predecían un menor crecimiento. Para proteger a los jóvenes de un despertar "prematuro", los padres ataban a sus hijos por la noche para que no se tocaran; los médicos extirpaban el clítoris de las niñas que se dedicaban al onanismo[3]. Aunque las técnicas más burdas han sido abandonadas, las actitudes que las produjeron aún persisten. La idea de que el sexo per se es perjudicial para los jóvenes ha quedado inserta en estructuras sociales y legales que tienen por objeto aislar a los menores del conocimiento y experiencia sexuales.

 Gran parte de la legislación sexual todavía vigente data también de las cruzadas morales del siglo XIX. La primera ley federal contra la obscenidad en los Estados Unidos fue aprobada en 1873. La Ley Comstock -llamada así por Anthony Comstock, un viejo activista anti pornografía y fundador de la Sociedad de Nueva York para la Supresión del Vicio- convertía en delito federal la fabricación, publicidad, venta, posesión, envío por correo e importación de libros o imágenes consideradas obscenas. La ley prohibía también los aparatos y drogas anticonceptivos y abortivos y la información sobre ellos[4]. A la sombra de esta legislación federal, la mayoría de los estados aprobaron sus propias leyes anti-obscenidad.

 El Tribunal Supremo comenzó a derogar la legislación Comstock, tanto la federal como las estatales, durante los años cincuenta. En 1975, la prohibición que afectase a materiales o información relacionados con la contracepción y el aborto ya era considerada anticonstitucional. Sin embargo, aunque las disposiciones anti-obscenidad han sido modificadas, su constitucionalidad básica se ha mantenido. Así, continúa siendo un delito la fabricación, venta, envío por correo o importación de material cuyo único propósito sea la excitación sexual[5].

 Aunque las leyes sobre la sodomía datan de tiempos más antiguos, cuando algunos elementos de la ley canónica fueron incorporados a los códigos civiles, la mayor parte de la legislación utilizada para arrestar a los homosexuales y a las prostitutas surgió de las campañas victorianas contra la "esclavitud blanca". Estas campañas tuvieron como resultado centenares de prohibiciones contra la provocación, la conducta indecente, el merodeo con propósitos inmorales, el abuso de menores y los burdeles.

 En su tratado sobre el temor de los británicos a la "esclavitud blanca", la historiadora Judith Walkowitz comenta: "la investigación reciente demuestra las enormes discrepancias entre los espeluznantes relatos periodísticos y la realidad de la prostitución.La evidencia de una supuesta red de prostitución que atrapa a gran número de jóvenes británicas, en Londres y en el extranjero es escasa”6. Sin embargo, la furia pública sobre este problema:

  "Forzó la aprobación de la Ley sobre la enmienda del Código Criminal (Criminal Law Amendment Act) de 1885, especialmente detestable y perniciosa. La ley de 1885 subía de 13 a 16 años la edad de consentimiento para las mujeres, pero proporcionaba también a la policía un poder legal mucho mayor sobre las mujeres y niños de la clase obrera... incluía una cláusula que convertía en delito los actos indecentes realizados voluntariamente entre hombres adultos, conformando de esta forma la base para la persecución legal de los varones homosexuales en Gran Bretaña hasta 1967... las cláusulas del nuevo proyecto de ley iban dirigidas principalmente contra las mujeres de la clase obrera y regulaban la conducta sexual de los adultos más que la de los jóvenes[7].

 En los Estados Unidos, la ley Mann, también conocida como White Slave Traffic Act (ley del Tráfico del Esclavo Blanco), fue aprobada en 1910, después de lo cual todos los estados de la unión aprobaron leyes contra la prostitución[8].

 En la década de los cincuenta, en los Estados Unidos, se dieron cambios importantes en la organización de la sexualidad. En lugar de centrarse en la prostitución o la masturbación, las ansiedades de los cincuenta tuvieron como tema central la imagen de la "amenaza homosexual" y el ambiguo fantasma del "delincuente sexual". Antes y después de la Segunda Guerra Mundial, el "delincuente sexual" se convirtió en objeto de temor y de búsqueda pública. Muchos estados y ciudades, incluidos Massachusetts, New Hampshire, New Jersey, el estado de New York, la ciudad de New York y Michigan, lanzaron investigaciones para recoger información sobre esta amenaza a la seguridad pública[9]. El término "delincuente sexual" se aplicaba en ocasiones a los violadores, otras a los "pederastas" y, de hecho, funcionaba como clave para referirse a los homosexuales. En sus versiones burocrática, médica y popular, el discurso sobre el delincuente sexual tendía a borrar las distinciones entre el asalto sexual violento y los actos ilegales, pero voluntarios, tales como la sodomía. El sistema de justicia criminal incorporó estos conceptos cuando una epidemia de leyes sobre el psicópata sexual se extendió por todos los cuerpos legislativos estatales[10]. Estas leyes proporcionaron a las profesiones psicológicas mayores poderes policiales sobre los homosexuales y otros "desviados" sexuales.

 Desde finales de los años cuarenta hasta principios de los sesenta, las comunidades eróticas cuyas actividades no encajaban en el sueño americano de la postguerra fueron objeto de intensa persecución. Los homosexuales fueron, junto con los comunistas, objeto de las purgas y cazas de brujas en todo el país. Se sucedieron las investigaciones del Congreso, las disposiciones gubernamentales y los relatos sensacionalistas en los medios de comunicación, con objeto de despedir a los homosexuales que trabajaban para el gobierno. Miles de ellos perdieron sus trabajos, y las restricciones a la contratación estatal de homosexuales persisten hasta hoy día[11]. El FBl comenzó la vigiIancia y acoso sistemático sobre los homosexuales, que se prolongó como mínimo hasta los años setenta[12].

 Muchos estados y ciudades importantes realizaron sus propias investigaciones y las cazas de brujas federales se vieron reflejadas en una variedad de enérgicas medidas locales. En Boise, Idaho, en 1955, un maestro se sentó a desayunar con su periódico matutino y leyó que el vicepresidente del "Idaho First National Bank" había sido arrestado bajo la acusación de sodomía; el fiscal local afirmaba que su intención era eliminar por completo la homosexualidad de aquella comunidad. El maestro jamás terminó aquel desayuno. "Saltó de su asiento, sacó las maletas, hizo el equipaje lo más rápido que pudo, se metió en el coche y se marchó a San Francisco... los huevos fríos, el café y la tostada permanecieron en su mesa durante dos días hasta que alguien de la escuela llegó allí a ver qué le había ocurrido"[13]

 En San Francisco, la policía y los medios de comunicación se lanzaron a la guerra contra los homosexuales durante toda la década de los cincuenta. La policía llevó a cabo redadas en bares, patrulló y realizó arrestos masivos en las calles y anunció a los cuatro vientos su intención de echar a los maricas de San Francisco[14]. Las medidas contra individuos, bares y zonas frecuentadas por homosexuales se sucedieron por todo el país. Aunque las cruzadas contra los homosexuales constituyen los ejemplos mejor documentados de represión sexual en los años cincuenta, la investigación posterior nos revelaría pautas similares del creciente hostigamiento y ataque a los materiales pornográficos, las prostitutas y los desviados sexuales de toda clase. Es necesaria una investigación que determine el alcance real de la persecución policial y las reformas legales[15].

 El período actual posee algunas incómodas similitudes con las décadas de 1880 y 1950. La campaña de 1977 para revocar el estatuto de los derechos de los gays del condado Dade, en Florida, inauguró una nueva ola de violencia, persecución estatal e iniciativas legales dirigidas contra las minorías sexuales y la industria comercial del seso. Durante los últimos seis años, los Estados Unidos y Canadá han padecido una amplia represión sexual, en un sentido político, no psicológico. En la primavera de 1977, pocas semanas antes de la votación en condado Dade, en los medios de comunicación aparecieron de pronto repletos de noticias sobre redadas en zonas frecuentadas por los gays, sobre detenciones a prostitutas y sobre investigaciones realizadas por la fabricación y distribución de materiales pornográficos. Desde entonces, la actividad policial contra la comunidad gay ha aumentado de forma notoria. La prensa gay se ha hecho eco de centenares de detenciones, desde las bibliotecas de Boston hasta las calles de Houston y las playas de San Francisco. Incluso las comunidades gay urbanas grandes, organizadas y relativamente poderosas, han sido incapaces de detener estas medidas. Las redadas a los bares y baños gays han tenido una frecuencia alarmante y la policía se ha hecho cada vez más osada. En un incidente particularmente dramático, la policía de Toronto asaltó los cuatro baños gays de la ciudad. Irrumpieron en cada cubículo armados con barras y sacaron a las calles, en pleno invierno, a casi 300 hombres vestidos únicamente con sus toallas de baño. Ni siquiera la "liberada" San Francisco ha salido inmune. Ha habido medidas contra varios bares, ha habido incontables detenciones en parques y, en el otoño de 1981, la policía detuvo a más de 400 personas en una serie de redadas, en la calle Polk, uno de los centros de la vida nocturna gay. Los ataques a homosexuales se han convertido en una actividad lúdica de importancia entre los jóvenes machos de las ciudades. Llegan a los barrios gays armados con bates de béisbol y buscando camorra, sabedores de que sus padres o aprueban en secreto sus acciones o bien hacen la vista gorda.

 El asalto policial no se ha limitado a los homosexuales. Desde 1977, los esfuerzos por hacer cumplir las leyes existentes contra la prostitución y la obscenidad se han multiplicado. Más aún, los estados y ayuntamientos han aprobado disposiciones nuevas y más duras contra el sexo comercial. Se han aprobado ordenanzas restrictivas, se han cambiado leyes de distrito, se han enmendado las disposiciones sobre concesión de licencias y sobre normas de seguridad, han aumentado las condenas y las exigencias de evidencias criminales se han relajado. Esta sutil codificación legal de controles más estrechos sobre la conducta sexual adulta ha pasado en gran parte desapercibida fuera de la prensa gay.

 Durante más de un siglo, la táctica más fiable para promover la histeria erótica ha sido la llamada a proteger a los niños. La actual ola de terror erótico ha calado más profundamente en aquellas áreas relacionadas, en algún sentido -aunque sólo sea simbólico-, con la sexualidad de los jóvenes. El lema central de la campaña en la votación del condado Dade fue "Salvemos a nuestros hijos" de un supuesto reclutamiento homosexual. En febrero de 1977, poco antes de la votación, una repentina preocupación por la "pornografía infantil" invadió los medios de comunicación nacionales. En mayo, el Chicago Tribune presentó durante cuatro días seguidos una sensacionalista serie de artículos, con titulares de ocho centímetros de altura, que afirmaba poner al descubierto una red nacional de vicio, organizada para introducir a muchachos jóvenes en la prostitución y la pornografía16. Los periódicos de todo el país presentaban historias similares, la mayor parte de ellas dignas del National Enquirer. A finales de mayo estaba ya en curso una investigación del Congreso. Pocas semanas después, el Gobierno Federal había promulgado una ley contra la "pornografía infantil", y muchos estados le siguieron con legislaciones propias. Estas leyes han reestablecido las restricciones sobre materiales sexuales que habían sido suavizadas por varias decisiones importantes del Tribunal Supremo. Por ejemplo, el Tribunal había dictaminado que ni la desnudez ni la actividad sexual eran obscenas per se. Pero las leyes sobre pornografía infantil califican de obscena a cualquier exhibición de menores desnudos o realizando actividad sexual. Esto significa que las fotografías de niños desnudos en los textos escolares de antropología y muchas de las películas etnográficas que se proyectan en las universidades son técnicamente ilegales en varios estados. De hecho, los profesores podrían ser objeto de una acusación adicional de felonía por cada estudiante menor de 18 años a quien mostraran tales imágenes. Aunque el Tribunal Supremo ha dictaminado también que es un derecho constitucional poseer material obsceno para uso privado, las leyes sobre pornografía infantil prohiben incluso este tipo de posesión de cualquier material sexual relacionado con menores.

 Las leyes producidas por el pánico a la pornografía infantil han sido mal concebidas y dirigidas. Representan alteraciones profundas en la regulación de la conducta sexual y suprimen, de hecho, importantes libertades civiles de tipo sexual. A pesar de ello, casi nadie advirtió su rápida implantación por el Congreso y los cuerpos legislativos estatales. Con la excepción de la North American Man/Boy Love Association (Asociación Norteamericana del Amor Hombre/Joven) y la American Civil Liberties Union (Sindicato de las Libertades Civiles Norteamericanas), nadie levantó la menor queja sobre ello[17].

 Un nuevo proyecto de ley federal sobre pornografía infantil, aún más duro, acaba de llegar a las cámaras legislativas. Elimina la necesidad de probar que la supuesta pornografía infantil haya sido distribuida para su venta comercial. Cuando el proyecto se convierta en ley, la simple posesión de una diapositiva de un amigo o amante de 17 años de edad desnudo puede llevar consigo una condena de 15 años de cárcel y una multa de 100.000 dólares. El proyecto recibió la aprobación del Congreso por 400 votos a favor y uno en contra[18].

 Las experiencias de la fotógrafa profesional Jacqueline Livingston son un ejemplo del clima creado por el pánico a la pornografía infantil. Livingston, profesora de fotografía de la Universidad de Cornell, fue despedida en 1978 tras haber exhibido imágenes de hombres desnudos, entre las que había fotografías de su hijo de siete años masturbándose. Las revistas Ms. Magazine, Chrysalis y Art News rehusaron publicar anuncios de pósters de hombres desnudos realizados por Livingston. En un momento dado, la Kodak le confiscó parte de su película y, durante varios meses, la fotógrafa vivió con la amenaza de ser procesada, en base a las leyes sobre pornografía infantil. El Departamento de Servicios Sociales del condado Tompkins investigó si la mujer estaba capacitada para cuidar a sus hijos. Los pósters de Livingston han sido exhibidos en el Museo de Arte Moderno, en el Metropolitan y en otros museos importantes, pero ella ha debido de pagar un alto precio por sus esfuerzos por registrar en un film el cuerpo de un hombre a edades diferentes y sin censuras de ninguna clase[19].

 Es fácil ver a alguien semejante a Livingston como una víctima de la guerra de la pornografía infantil, pero a la mayoría de la gente le resulta más difícil simpatizar con las personas que mantienen relaciones con jóvenes. Al igual que ocurría con los comunistas y los homosexuales en la década de los 50, el estigma que pesa sobre estas personas es tal que resulta difícil encontrar abogados que defiendan sus libertades civiles, no digamos ya su conducta erótica. En consecuencia, la policía se ha cebado sobre ellas. El FBl, las fuerzas de policía local y los inspectores del correo postal se han unido en un inmenso aparato, cuya única finalidad es eliminar de la comunidad a los hombres que aman a jóvenes menores de edad. Dentro de veinte años o así, cuando la humareda se haya disipado, al menos en parte, resultará mucho más fácil demostrar que estas personas han sido víctimas de una caza de brujas salvaje e injustificada. Serán muchos los que se avergüencen de haber colaborado en ella, pero será demasiado tarde para poder hacer algo por estos hombres que han pasado sus vidas en prisión.

 Mientras que la desgracia de los amantes de jóvenes afecta a muy pocos, el otro legado a largo plazo del asunto del condado Dade nos afecta prácticamente a todos. El éxito de la campaña anti-gay encendió muchas de las pasiones ocultas de la derecha norteamericana e inició un amplio movimiento cuyo objetivo era estrechar las fronteras de la conducta sexual aceptable.

 La vinculación que la ideología de derechas establece entre el sexo fuera de la familia, el comunismo y la debilidad política no es nada nuevo. Durante el período McCarthy, Alfred Kinsey y su Institute for Sex Research (Instituto de Investigaciones sobre el Sexo) fueron atacados por debilitar la fibra moral de los norteamericanos, haciéndoles así más vulnerables a la influencia comunista. Tras una investigación del Congreso y publicidad contraria, la ayuda financiera de Rockefeller al Instituto Kinsey terminó en 1954[20].

 Hacia 1969, la extrema derecha descubría al Sex Information and Education Council of the United States (SIECUS, Consejo de Información y Educación Sexual de los Estados Unidos). En libros y panfletos, tales como El jaleo de la educación sexual: la pornografía en las escuelas y el SIECUS: corruptor de los jóvenes, la derecha atacaba al SIECUS y a la educación sexual, calificándolos de complot comunista para destruir la familia y debilitar la voluntad nacional[21]. Otro panfleto, Los niños de Pavlov (Podrían ser los suyos), afirma que la UNESCO está compinchada con el SIECUS para eliminar los tabúes religiosos, promover la aceptación de relaciones sexuales anormales, degradar las normas morales absolutas y "destruir la cohesión racial", al exponer a los blancos (en especial a las mujeres) a las normas sexuales supuestamente "inferiores" de los negros[22].

 La ideología neoconservadora y la Nueva Derecha han puesto al día todos estos temas y utiliza intensamente la vinculación de la conducta sexual "inmoral" con el presunto declive del poder norteamericano. En 1977, Norman Podhoretz escribió un ensayo en el que culpaba a los homosexuales de la supuesta incapacidad norteamericana para mantener la paridad con Rusia[23]. De este modo, vinculaba "la lucha anti-gay en la arena doméstica con las batallas anticomunistas en la política exterior"[24].

 La oposición de derechas a la educación sexual, a la homosexualidad, a la pornografía, al aborto y al sexo prematrimonial pasó de los márgenes al centro de la escena política después de 1977, cuando los estrategas derechistas y los cruzados del fundamentalismo religioso descubrieron que estos temas resultaban ser de interés masivo. La reacción al tema sexual jugó un papel muy importante en el éxito electoral de la derecha en 1980[25]. Organizaciones tales como la Mayoría Moral (Moral Majority) y los Ciudadanos en pro de la Decencia (Citizens for Decency) han adquirido números muy elevados de seguidores, inmensos recursos financieros y una influencia inesperada. La Enmienda por la Igualdad de Derechos (Equal Rights Amendment) ha sido derrotada, se ha aprobado una legislación que establece nuevas restricciones al aborto y la financiación de programas, tales como el Planned Parenthood (Paternidad Planificada) y la educación sexual ha sufrido reducciones drásticas. Se han promulgado leyes y disposiciones administrativas que hacen más difícil a las adolescentes conseguir anticonceptivos o abortar. Los fructíferos ataques al Programa de Estudios sobre la Mujer de la Universidad Estatal de California de Long Beach estuvieron inspirados por el retroceso sexual.

 La iniciativa legisladora derechista más ambiciosa ha sido la Family Protection Act, FPA (Ley de Protección de la Familia), introducida en el Congreso en 1979. Esta ley es un asalto muy amplio contra el feminismo, los homosexuales, las familias no tradicionales y la intimidad sexual de los adolescentes[26]. La FPA no ha sido -ni probablemente lo sea- aprobada, pero los miembros conservadores del Congreso continúan trabajando en favor de su programa con una estrategia más fragmentada. Quizá el signo más manifiesto de los tiempos que corren sea el Adolescent Family Life Program (Programa para la Vida Familiar de los Adolescentes). También conocido como Teen Chastity Program (Programa para la Castidad Adolescente), recibe unos 15 millones de dólares del Gobierno Federal para su tarea de alentar a la gente joven a que se abstengan de mantener relaciones sexuales, o de utilizar anticonceptivos si las tienen, o de abortar si quedan embarazadas. En los últimos años se han sucedido innumerables disputas en distintos lugares del país sobre los derechos de los homosexuales, la educación sexual, el derecho al aborto, las librerías para adultos y los programas de las escuelas públicas. No es probable que la reacción anti-sexo haya finalizado, ni incluso que haya llegado a su máximo. A menos que algo cambie radicalmente, es probable que los próximos años nos traigan más de lo mismo.

 En períodos tales como la década de 1880 en Inglaterra y los años 50 en Estados Unidos se da, de hecho, una reorganización de las relaciones sexuales. Las batallas libradas dejan un residuo en forma de leyes, prácticas sociales e ideologías de la sexualidad que a su vez afectarán a las maneras en que se perciba a la sexualidad durante mucho tiempo después. Todos los indicios apuntan a que la era actual es otra de este tipo en política sexual. Los resultados de las luchas en los años 80 dejarán sus huellas durante mucho tiempo. Por lo tanto, es imperativo comprender qué es lo que está pasando y qué es lo que está en juego para poder decidir adecuadamente qué políticas debe apoyarse y a qué políticas hay que oponerse.

 Es difícil adoptar estas decisiones si se carece de un pensamiento radical completo, coherente e inteligente sobre el sexo. Desgraciadamente, el análisis progresista sobre la sexualidad está relativamente subdesarrollado. Gran parte de la aportación del movimiento feminista no es sino un añadido a la mistificación que rodea al tema. Existe una urgente necesidad de desarrollar unas perspectivas radicales sobre la sexualidad.

 Paradójicamente, durante estos tristes años se ha producido una explosión de estimulantes escritos políticos y ensayos sobre el sexo. En los años cincuenta, el entonces joven movimiento por los derechos de los homosexuales iniciaba su andadura y prosperaba a la vez que la policía hacía redadas en los bares y se aprobaban leyes anti-homo sexuales. En los últimos seis años se han desarrollado nuevas comunidades eróticas, nuevas alianzas políticas y análisis; todo ello en medio de la represión. En este ensayo quiero proponer algunos elementos de un marco descriptivo y conceptual que sirva para reflexionar sobre el sexo y su política. Con ello espero contribuir a la acuciante tarea de crear un pensamiento preciso, humano y auténticamente liberador sobre el sexo.

Por: Gayle Rubin

Ver biografía (Wiki)

Referencias:

* En: Vance, Carole S. (Comp.) Placer y peligro. Explorando la sexualidad femenina. , Ed. Revolución, Madrid, 1989. pp. 113-190.
[1] Demetrius Zambaco, "Onanism and Nervous Disorders in Two Little Girls", François Peraldi (ed.), Polysexuality, Semiotext(e), vol. IV, n." 1, 1981, págs. 31, 36.
[2] Linda Gordon y Ellen Dubois, "Seeking Ectasy on the Battlefield: Danger and Pleasure in Nineteenth Century Feminist Sexual Thought", Feminist Studies, vol. 9, n.° 1, primavera de 1983; Steven Marcus, The Other Victorians, y, New York, New American Library, 1974; Mary Ryan, "The Power of Women's Networks: A Case Study of Female Moral Reform in America" Feminist Studies, vol. 5, n.° 1, 1979; Judith R. Walkowitz, Prostitution and Victorian Society, Cambridge, Cambridge University Press, 1980; Judith R. Walkowitz, "Male Vice and Feminist Virtue: Feminism and the Politics of Prostitution in Nineteenth-Century Britain"; History Workshop Journal, n.° 13, primavera de 1982; Jeffrey Weeks, Sex, Politics and Society: The Regulation of Sexuality Since 1800, New York. Longman, 1981.
[3] G.J. Barker-Benfield, The Horrors of the Half-Known Life, New York, Harper Colophon, 1976; Marcus, op. cit.; Weeks, op. cit., en especial las páginas 48-52; Zambaco, op. cit.
[4] Sarah Senefield Beserra, Sterling G. Franklin y Norma Clevenger (editores), Sex Code of California, Sacramento, Planned Parenthood Affiliates of California, 1977; pág. 113.
[5] Ibid, págs. 113-117.
[6] Walkowitz, "Mate Vice and Feminist Virtue", op. cit., pág. 83. Todo el análisis de Walkowitz del Maiden Tribute of Modern Babylon es particularmente esclarecedor.
[7] Walkowitz, "Male Vice and Feminist Virtue", op. cit., pág. 85.
[8] Beserra et al., op. cit., págs. 106-107.
[9] Commonwealth de Massachusetts, Informe preliminar de la Comisión Especial de Investigación de Crímenes Sexuales, 1947;Estado de New Hampshire, Informe de la Comisión Interina del Estado de New Hampshire para estudiar la causa y prevención de los crímenes sexuales graves, 1949; Ciudad de New York, Informe del Comité Municipal para el estudio de los delitos sexuales, 1939; Estado de New York, Informe al Gobernador de un estudio de 122 delincuentes sexuales del penal de Sing Sing, 1950; Samuel Hartwel, Manual de anormalidades sexuales y el método de la Higiene Mental para su prevención, Estado de Michigan, 1950; Estado de Michigan, Informe de la Comisión Gubernamental de Estudio del Delincuente Sexual Desviado, 1951. Esto es solamente una pequeña muestra.
[10] Estelle B. Freedman, "Uncontrolled Desire". The Threat of the Sexual Psycopath in America, 1935-1960", documento presentado a la Convención Anual de la American Historical Association, San Francisco, diciembre, 1983.
[11] Allan Bérubé, "Behind the Spectre of San Francisco", Body Politic, abril de 1981; Allan Bérubé, "Marching to a Different Drummer", Advocate, 15 de octubre de 1981; John D'Emilio, Sexual Politics, Sexual Communities: The Making of the Homosexual Minority in the United States, 1940-1970, Chicago, University of Chicago Press, 1983; Jonathan Katz, Gay American History, NewYork, Thomas Y. Crowell, 1976.
[12] D'Emilio, op. cit., págs. 46-7; Allan Bérubé, comunicación personal.
[13] John Gerassi, The Boys of Boise, New York, Collier, 1968, pág. 14. Estoy en deuda con Allan Bérubé por haber llamado mi atención sobre este incidente.
[14] Allan Bérubé, comunicación personal; D'Emilio, op. cit.; John D'Emilio, "Gay Politics, Gay Community: San Francisco's Experience", Socialist Review, n.° 55, enero-febrero de 1981.
[15] Los siguientes ejemplos sugieren posibles rutas de investigación adicional. Una purga ocurrida en la Universidad de Michigan está narrada en "Gay Ann Arbor Purges", de Daniel Tsang, en Midwest Gay Academic Journal, vol. 1, n.° 1, 1977, y en "Gay Ann Arbor Purges", parte 11, por Daniel Tsang, en Midwest Gay Academic Journal, vol. 1, n.° 2, 1977. En la Universidad de Michigan, el número de profesores expulsados por supuesta homosexualidad parece rivalizar con el de expulsados por supuestas tendencias comunistas. Sería interesante poseer cifras del número de profesores que perdieron sus trabajos durante este período debido a delitos sexuales y políticos. En reformas reguladoras, muchos estados aprobaron leyes, durante esos años, que prohibían la venta de bebidas alcohólicas a los "pervertidos sexuales conocidos" o que disponían el cierre de bares que reuniesen a "pervertidos sexuales". Una ley semejante fue aprobada en California en 1955, y declarada anticonstitucional por el Tribunal Supremo estatal en 1959 (Allan Bérubé, comunicación personal). Sería muy interesante saber exactamente qué estados aprobaron legislaciones semejantes, las fechas de su promulgación, la discusión precedente y cuántas están todavía en vigor. En cuanto a la persecución de otras comunidades eróticas, existen evidencias de que John Willie y Irving Klaw, los dos primeros productores y distribuidores de artículos eróticos sadomasoquistas desde finales de la década de 1940 hasta principios de los sesenta, tuvieron que hacer frente al repetido acoso policial y de que, por lo menos Klaw, fue objeto de una investigación del Congreso realizada por el Comité Kefauver. Mi agradecimiento a J. B. Rund por una comunicación personal en la que me facilitaba información sobre las trayectorias de Willie y Klaw. Los materiales publicados sobre el tema son escasos, pero véase The Adventures of Sweet Gwendoline, de John Willie, New York, Berlier Press, 1974; también el "Preface" de J. B. Rund en Bizarre Comiz, vol. 8, New York, Berlier Press, 1977; "Preface" de J. B. Rund, en Bizarre Fotos, vol. 1, New York, Berlier Press, 1978, y el "Preface" de J. B. Rund, en Bizarre Katalogs, vol. 1, New York, Berlier Press, 1979. Sería de utilidad poseer más información sistemática sobre las reformas legales y actividad policial que afectaron a la disidencia erótica no gay.
[16] "Chicago es el Centro de la red internacional de porno infantil: los depredadores de niños", "Sexo infantil: una plaza en New Tocom lo dice todo", Chicago Tribune, 16 de mayo de 1977; "Dentista detenido en redada de corrupción sexual de menores", "Las tretas para atraer víctimas a la pornografía infantil', Chicago Tribune, 17 de mayo de 1977; "Audiencias en Estados Unidos sobre pornografía infantil: Rodino llamó ultraje una fiesta sexual". "Cazados seis hombres y veinte niños en una redada", "La mafia de la pornografía infantil medra en la confusión legal', "Las redadas en Estados Unidos alcanzan a los vendedores de pornografía", Chicago Tribune, 18 de mayo de 1977.
[17] Para más información sobre el "pánico al porno infantil", véase "The Great Kiddy Porn Scare of '77 and Its Aftermath", por Pat Califia, en Advocate, 16 de octubre de 1980; "A Thorny Issue Splits a Movement", por Pat Califia, en Advocate, 30 de octubre de 1980; The Boston Sex Scandal, por Mitzel, Boston, Glad Day Books, 1980; "Sexual Politics in the New Right and the Sexual Fringe", por Gayle Rubin, en Daniel Tsang (editor), The Age Taboo, Boston, Alyson Publications, 1981. Sobre la cuestión de las relaciones intergeneracionales, véase también Indecent Assault de Roger Moody, Londres, World Is Out Press, 1980; Paedophilia: The Radical Case, por Tom O'Carrol, Londres, Peter Owen, 1980; The Age Taboo, de Tsang, op. cit., y The Man They Called a Monster, de Paul Wilson, New South Wales, Cassell Australia, 1981.
[18] "House Passes Tough Bill on Child Porn", San Francisco Chronicle, 15 de noviembre de 1983, pág.14.
[19] George Stambolian, "Creating the New Man: A Conversation with Jacqueline Livingston", Christopher Street, mayo de 1980; "Jacqueline Livingston", Clothed with the Sun, vol. 3, n.° 1, mayo de 1983.
[20] Paul H. Gebhard, "The Institute", en Sex Research: Studies from the Kinsey Institute, edición de Martin S. Weinberg, New York, Oxford University Press, 1976.
[21] Phoebe Courtney, The Sex Education Racket: Pornography in the Schools (An Expose), New Orleans, Free Men Speak, 1969; Dr. Gordon V. Drake, SIECUS: Corrupter of Youth, Tulsa, Oklahoma, Christian Crusade Publications, 1969.
[22] Pavlov's Children: (They May Be Yours), Impact Publishers, Los Angeles, California, 1969.
[23] Norman Podhoretz, "The Culture of Appeasement" ("La cultura del apaciguamiento"), Harper's, octubre de 1977.
[24] Alan Wolfe y Jerry Sanders, "Resurgent Cold War Ideology: The Case of the Committee on the Present Danger", en Capitalism and the State in U.S. Latin American Relations, Richard Fagen (editor), Stanford, Stanford University Press, 1979.
[25] Jimmy Breslin, "The Moral Majority in Your Motel Room", San Francisco Chronicle, 22 de enero de 1981, pág. 41; Linda Gordon y Allen Hunter, "Sex, Family, and the New Right", Radical America, invierno de 1977-78; Sasha Gregory-Lewis, "The Neo-Right Political Apparatus", Advocate, 8 de febrero de 1977; Sasha Gregory-Lewis, "Rigth Wing Finds New Organizing Tactic", Advocate, 25 de junio de 1977; Sasha Gregory-Lewis, "Vuravelling the Anti-Gay Network", Advocate, 7 de septiembre de 1977; Andrew Kopkind, "America's New Right", New Times, 30 de septiembre de 1977; Rosalind Pollack Petchesky, "Anti-Abortion, Anti-Feminism, and the Rise of the New Right", Feminist Studies, vol. 7, n: 2, verano de 1981.
[26] Rhonda Brown, "Blueprint for a Moral America", Nation, 23 de mayo de 1981.

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